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Roble y las Gotas de Rocío

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Portada de Roble y las Gotas de Rocío
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Roble y las Gotas de Rocío

Un pequeño botón descubrió que hasta lo más minúsculo puede hacer una gran diferencia.

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Un botón de madera llamado Roble, tumbado sobre hojas de otoño.

Roble era un botón de abrigo, de madera pulida y con dos agujeritos perfectos. Un día de otoño, mientras el viento jugaba con las hojas, ¡zas!, se desprendió de un abrigo y cayó al suave suelo del bosque. Allí se quedó, entre las hojas crujientes de color fuego, sintiéndose un poco inútil. ¿Para qué servía un botón sin su abrigo? Se preguntaba, mientras el sol de la tarde filtraba sus rayos dorados entre las ramas, haciendo que todo pareciera un sueño.

Roble observa a unas hormigas afanosas llevando gotas de rocío.

A la mañana siguiente, el bosque amaneció cubierto de gotas de rocío que titilaban como diamantes diminutos. Roble vio a unas pequeñas hormigas afanosas, intentando llevar esas gotitas de agua hasta sus nidos. Las hormigas, por más que se esforzaban, apenas podían cargar un sorbito cada vez, y parecían muy cansadas. Fue entonces cuando Roble se miró a sí mismo, a sus dos pequeños agujeros redondos. ¡Eran del tamaño perfecto! Una idea brillante burbujeó en su corazón de madera.

Roble habla con las hormigas, que lo miran con curiosidad.

—¡Hormiguitas, esperad! —chirrió Roble con su voz de madera. Las hormigas se detuvieron, sorprendidas. —¿Qué quieres, botón caído? —preguntó la hormiga reina, con sus antenas vibrando. —Mis agujeros —dijo Roble con entusiasmo—, ¡pueden guardar vuestras gotas! Gotas de rocío, ¡qué alegría! Un hogar para el agua, qué maravilla. Al principio, las hormigas lo miraron con desconfianza, ¿un botón que guarda agua? ¿Era posible?

Las hormigas usan los agujeros de Roble para almacenar gotas de rocío.

Pero Roble insistió con una ternura que convenció a la hormiga más pequeña y valiente. Con mucho cuidado, llevó una gota de rocío hasta uno de los agujeros de Roble. ¡Y se quedó allí! Luego, otra hormiguita trajo otra gota, y otra más. Pronto, los dos agujeros de Roble se llenaron, convirtiéndose en mini-reservorios, pequeños pozos de agua fresca. ¡Era un oasis minúsculo en el gran bosque! Gotas de rocío, ¡qué alegría! Un hogar para el agua, qué maravilla.

Las hormigas beben felizmente de los agujeros de Roble, que sonríe orgulloso.

Las hormigas celebraron con pequeñas danzas, ya no tenían sed y sus nidos estaban a salvo. Roble, el botón que se había sentido olvidado, ahora se sentía enorme, un verdadero héroe. Había ayudado a todo un reino diminuto. Su corazón de madera brillaba con la satisfacción de haber encontrado su propósito. ¿Quién diría que un botón podía ser un héroe? Y así, Roble se quedó, un guardián silencioso y amigo de todos los que necesitaban un poco de agua. Gotas de rocío, ¡qué alegría! Un hogar para el agua, qué maravilla.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?