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Rizos y las Nubes de Imaginación

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Portada de Rizos y las Nubes de Imaginación
5-6 años 3 min

Rizos y las Nubes de Imaginación

Un mechón de pelo que teje sueños para los niños.

fantasía empatía imaginación misterio suave amistad
Rizos, un mechón de pelo rizado, flotando y atrapando chispitas brillantes bajo un sillón.

Rizos, un pequeño mechón de pelo rizado, vivía su vida tranquila debajo de un sillón grande y suave en el salón. Un día, una corriente de aire juguetona lo levantó y lo hizo flotar. —¡Whissh! —dijo el aire al pasar—. Rizos descubrió que, al moverse así, podía atrapar unas pequeñas chispitas brillantes que flotaban por la habitación. Eran tan suaves y cálidas, como si estuvieran llenas de un secreto. ¿Qué serían?

Rizos rodeado de chispitas brillantes, observando a una niña triste sentada en el suelo.

Cada noche, más y más de esas chispitas aparecían, brillando como estrellas diminutas. Rizos las coleccionaba sin saber muy bien qué hacer con ellas. Flotaban a su alrededor, una danza silenciosa y mágica. —¿Pero, ay, qué hago yo con esto? —murmuró Rizos, sintiendo un cosquilleo de curiosidad. Una tarde, vio a una niña, Lía, sentada en el suelo, con una expresión un poco triste. —No sé qué dibujar —susurró Lía, con la mirada perdida—. No se me ocurre ninguna historia para mis juguetes. Rizos sintió un pellizco de preocupación.

Rizos empuja una 'nube de imaginación' brillante hacia Lía, quien comienza a dibujar con alegría.

Mirando las chispitas que había reunido, Rizos pensó: —¿Podrían estas pequeñas luces ayudar a Lía a encontrar su historia? Con un esfuerzo y un giro especial, empezó a unirlas, tejiéndolas como si fueran hilos invisibles. ¡Puf, puf, puf! Las chispitas se juntaron, formando una nubecita suave y luminosa. La llamó su nube de imaginación. Con la siguiente ráfaga de aire, Rizos impulsó la nubecita hacia la niña. —¿Pero, ay, qué hago yo con esto? —dudó Rizos mientras la nube flotaba lentamente, esperando que su idea funcionara.

La nubecita aterrizó suavemente justo al lado de la niña. Lía, curiosa, la tocó con la punta de su dedo. —¡Oh! —exclamó Lía, y sus ojos se iluminaron—. ¡Es una nave espacial que vuela a la Luna, y lleva gatitos astronautas! De repente, Lía empezó a dibujar con una alegría contagiosa. Rizos se dio cuenta de lo que eran esas chispitas: eran pequeños sueños olvidados, esperando ser encontrados. Y él, Rizos, el mechón de pelo, era el guardián de esos sueños, el tejedor de nubes para que los niños como Lía nunca se quedaran sin una historia mágica antes de dormir. Su corazón rizado se hinchó de felicidad al saber que había ayudado.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?