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Ritin y el Misterio de las…

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Portada de Ritin y el Misterio de las Chispitas
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Ritin y el Misterio de las Chispitas

A veces, la mejor magia es pedir ayuda a un amigo.

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Ritin, el Rayito de Color, con una expresión preocupada en una plaza.

En una plaza llena de sol y risas, vivía Ritin, el Rayito de Color. Ritin era pequeño y brillante, hecho de mil colores suaves, y su misión era pintar sonrisas por todas partes. Siempre llevaba consigo un pequeño frasco lleno de chispitas de alegría, perfectas para cada nueva obra. Pero hoy, ¡oh, no! Ritin, un poquito despistado, dio un giro demasiado rápido y su preciado frasco se le resbaló de las manitas invisibles. ¡Plop! Desapareció. —¡Oh, no, mis chispitas! —exclamó con un pequeño squish de preocupación.

¡Chispitas de alegría, a volar, a pintar el día! pensaba Ritin, pero ahora estaban perdidas. Miró debajo de una paloma gorda y gris que dormía la siesta. La paloma, al sentir el cosquilleo, abrió un ojo. —¿Coo-coo, Ritin? ¿Buscas acaso mi sombrero de nueces voladoras? —preguntó con un guiño. Ritin, aunque le pareció una idea muy curiosa, negó con la cabeza. ¿Dónde estarán mis chispitas? —se preguntó.

Ritin pregunta a la fuente por sus chispitas, mientras una paloma lo observa.

Ritin flotó hacia la fuente burbujeante, que lanzaba agua hacia el cielo como un juego divertido. —¡Oh, fuente, fuente, dime la verdad, ¿has visto mis chispitas de felicidad?! —preguntó con un tono rítmico, esperando una respuesta. La fuente solo hizo glu-glu-glu y salpicó un poquito de agua sobre su nariz, como si se riera en secreto. No le dio ninguna pista, solo una sensación de frescor. Una paloma muy atenta, llamada Pili, que siempre andaba cerca, vio la carita de Ritin, que parecía un arcoíris con un color menos. ¡Chispitas de alegría, a volar, a pintar el día! repitió Ritin en voz baja, con un suspiro.

Ritin sonríe con su frasco de chispitas gracias a la ayuda de Pili la paloma.

Pili se acercó, arrullando suavemente. —¿Qué te pasa, Ritin? ¿Por qué esa carita de arcoíris descolorido? —preguntó con dulzura. Ritin, un poco avergonzado pero aliviado de que alguien preguntara, explicó lo de sus chispitas de alegría. Pili, con sus ojos de paloma expertos, no miró al suelo, sino hacia arriba. ¡Y allí estaba! Colgado de la cola de una ardilla muy presumida, que creía que el frasco era un nuevo y elegante adorno. Pili y Ritin, con mucho cuidado, hicieron un plan para recuperar las chispitas sin asustar a la ardilla. Cuando Ritin las tuvo de nuevo, le pintó a Pili un puntito brillante en el pico. ¡Chispitas de alegría, a volar, a pintar el día! exclamó Ritin, ¡Y a pedir ayuda, qué gran idea!

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?