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Regaderín, el Susurrador de Historias

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Regaderín, el Susurrador de Historias

Hasta el objeto más pequeño puede tener la voz más grande.

amistad autoestima aventura tierna
Regaderín, una regadera triste y oxidada, sentada sola en un cobertizo oscuro.

Yo soy Regaderín, una regadera rojiza y remendada. Vivo en el cobertizo, donde hace un poco de frío y oscuro. Antes, regaba las flores, ¡Plin-plof!, pero ahora mi pitorro está roto y me siento muy inútil. Las flores me miran con sus ojitos tristes y yo solo puedo suspirar, ¡Sssshhh!, sin poder darles ni una gota de agua. Me siento solo, solo con mi óxido y mis recuerdos.

Regaderín susurra una historia a una margarita muy triste y marchita.

Un día, una pequeña margarita, con sus pétalos caídos, me susurró: —¡Ay, qué sed tengo!—. Sentí un cosquilleo especial en mi barriga de metal. ¡No era agua! Era una vocecita que quería salir. Entonces, con un suavecito susurro, ¡Shhh-shhh-suave!, le conté una historia de gotas de rocío que bailaban bajo la luna. La margarita abrió sus pétalos un poquito y me dijo: —¡Oh, Regaderín! ¡Qué historia tan bonita! ¡Me siento mejor!—. ¡Qué sorpresa!

Regaderín, feliz, susurra cuentos a un jardín lleno de flores sonrientes y coloridas.

Ahora soy el cuentacuentos del jardín. ¡Ya no soy inútil! ¡No, no, no! Mis amigos los rosales, los tulipanes y las petunias esperan mis susurros. A cada planta sedienta le doy una canción, ¡Shhh-shhh-crece!, o un cuento de sol y agua. Sus hojitas se ponen verdes y sus flores se abren con alegría. Regaderín, la regadera oxidada, ahora es la regadera de las historias más bonitas. Y yo, yo soy muy, muy feliz. ¡Plin-plan-pom!

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?