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Rebotina y la Danza del Parque

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Portada de Rebotina y la Danza del Parque
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Rebotina y la Danza del Parque

Incluso sin color, la verdadera alegría siempre encuentra su melodía.

alegría amistad cuento circular
Rebotina, la pelota sin color, rebotando feliz junto a niños riendo en un parque.

El viento, que todo lo ve y todo lo siente, sopla suavemente sobre el parque. Aquí está Rebotina, una pelota de goma que antes era tan brillante como un arcoíris, pero ahora su color ha desaparecido, como una estrella que se esconde tras las nubes. Aun así, Rebotina no se rinde. Salta y salta, ligera como una pluma, entre los columpios vacíos y el tobogán. ¡Pling! Cada rebote es un pequeño suspiro del aire. Hoy, Rebotina tiene una idea: quiere que los viejos árboles del parque, con sus ramas largas y quietas, bailen al son de una nueva melodía. Se acerca a un grupo de niños que ríen a carcajadas. Rebotina rebota justo a su lado, y ¡chas!, parece que el sonido de la risa de una niña, un "¡Ji, ji, ji!", se queda pegado a ella.

Rebotina rebota junto a un roble mientras Saltarín la observa desde una rama.

Con el "¡Ji, ji, ji!" guardado, Rebotina se acerca al árbol más grande, un roble centenario. Rebotina salta con fuerza, esperando que la melodía capture más sonidos. ¡Pling-plong! El "¡Ji, ji, ji!" resuena, pero el roble apenas mueve una hoja. Parece que necesita algo más. Un pequeño amigo, Saltarín, una ardilla de cola esponjosa como un cepillo, se asoma desde una rama.
—¡Rebotina, Rebotina! —chilla Saltarín—. —¿Qué haces? Tus rebotes son muy divertidos, pero el roble parece dormido.
—Quiero que los árboles bailen, Saltarín —responde Rebotina con un pequeño bote—. Pero mi sonido no es suficiente. Necesito más alegría.

Rebotina rebota capturando nuevos sonidos de bloques, mientras Saltarín la anima.

Rebotina no se desanima. Ella sabe que la alegría está en todas partes, como el sol que ilumina cada rincón. Vuelve a los niños, esta vez a los que juegan con bloques. ¡Clac, clac, clac! Rebotina rebota con más energía, ¡Pling-plang! El sonido de los bloques chocando, un "¡Toc, toc, toc!", se une a la risa de antes. Rebotina salta. Rebotina corre. Rebotina rebota. Se acerca a otro árbol, un álamo esbelto, y suelta su melodía. El álamo tiembla un poco, como si tuviera cosquillas, pero no se lanza a bailar. Saltarín la observa desde su rama.
—¡Casi, Rebotina, casi! —anima Saltarín—. ¡Falta algo, un poquito más de chispa!

Rebotina rebota en el centro del parque, y los árboles bailan a su alrededor.

Con el corazón lleno de determinación, Rebotina piensa en todos los sonidos alegres del parque. Los pájaros cantando, los niños gritando al columpiarse, las campanillas de un carrito de helados. Rebotina rebota con un propósito, como un pequeño explorador en busca de tesoros sonoros. Se acerca a un niño que silba una melodía alegre, y otro que aplaude feliz. ¡Pling-plang-plong! El silbido, los aplausos, el "¡Ji, ji, ji!" y el "¡Toc, toc, toc!" se fusionan en una sinfonía mágica. Rebotina se lanza hacia el centro del parque, donde todos los árboles se encuentran.
—¡Aquí está, Saltarín! —grita Rebotina, mientras suelta la melodía—. ¡Siente la alegría! ¡Escucha la amistad!
Y entonces, ¡oh, maravilla! Los árboles empiezan a mecerse, sus ramas se agitan como brazos que saludan, sus hojas susurran una canción. ¡Los árboles bailan!

Rebotina sigue rebotando feliz en el parque, que ahora es un lugar de música y danza.

El parque se llena de una energía contagiosa. Los niños miran asombrados cómo los árboles se mueven al ritmo de la melodía de Rebotina. Rebotina, aunque sin color, brilla con una alegría que ninguna pintura podría igualar. Sigue rebotando, ¡Pling-plang-plong! creando nuevas melodías con cada risa, cada grito de felicidad que encuentra. Saltarín salta de rama en rama, aplaudiendo con sus patitas. El parque ahora es un lugar donde la música y la danza nunca terminan, todo gracias a una pelota que aprendió que la verdadera magia no está en el color que se ve, sino en la alegría que se comparte y la amistad que se cultiva. Rebotina, la pelota sin color, siempre está lista para hacer bailar al mundo.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?