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Pepita y la Sonrisa Mágica

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Portada de Pepita y la Sonrisa Mágica
5-6 años 4 min

Pepita y la Sonrisa Mágica

Una calabaza aprende que la alegría más grande nace del corazón.

Halloween amistad valentía diversión
Pepita, una calabaza redonda y naranja, se mira preocupada en una gota de rocío, su sonrisa no está.

Era la noche de Halloween, y el aire zumbaba con un delicioso, misterioso zzzzzzzz de emoción. Tú, Pepita, una calabaza redonda como una naranja gigante y juguetona como un saltamontes, te despertaste con un cosquilleo en tu corazón de pepitas. ¡Era tu noche favorita! Querías ser la calabaza más sonriente de todas, con una carcajada tan grande que llenara el huerto de alegría. Pero cuando te miraste en el espejo de un rocío matinal, ¡oh, sorpresa! Tu sonrisa, esa que se te escapaba por reír demasiado fuerte, se había escurrido de tu cara. ¡Ay, ay, ay! ¿Y mi sonrisa, dónde estará?

Pepita rueda por el huerto, pregunta a otras calabazas con dientes de maíz, y un gusanito le da una idea.

Con un ¡plof! suave, rodaste por el huerto, tus hojitas temblaban de preocupación. Buscaste bajo las hojas secas, donde los caracoles dormían sus sueños plateados, y entre las telarañas que brillaban como hilos de luna. —¿Has visto mi sonrisa? —preguntaste a una mariquita que paseaba tranquila. Las otras calabazas, tus vecinas, te ofrecieron sus dientes de maíz, amarillos y crujientes. —¡Toma, Pepita! —dijo una—. ¡Son muy bonitos! Pero tú, con un suspiro de calabaza, sabías que no eran tu sonrisa. ¡Ay, ay, ay! ¿Y mi sonrisa, dónde estará? De repente, un gusanito con gafas de rocío se asomó. —Pepita —dijo con voz suave—, ¿por qué no dibujas una nueva?

Pepita se dibuja una sonrisa enorme con una ramita y mariquitas, y brilla bajo la luna, feliz y brillante.

¡Dibujar! ¡Qué idea tan brillante! Tú, Pepita, te acercaste a un charco de agua que reflejaba la luna como un espejo mágico. Con una ramita que te prestó un arbolito y la ayuda de unas mariquitas que te trajeron polen de colores, empezaste a pintar. ¡Pincelada aquí, pincelada allá! Tus hojitas se movían de emoción. Poco a poco, apareció una sonrisa tan grande y juguetona, tan llena de chispitas de alegría, que brilló bajo la luna como un farolillo de oro. Descubriste que no necesitabas la 'vieja' sonrisa que se había escapado, ¡sino la que tú misma podías crear! Y así, Pepita se convirtió en la calabaza más sonriente de Halloween, ¡con una sonrisa hecha de pura felicidad y un poquito de magia!

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?