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Peludín y el Disfraz más Genial

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Portada de Peludín y el Disfraz más Genial
3-7 años 6 min

Peludín y el Disfraz más Genial

Una aventura de Halloween para descubrir el brillo de ser uno mismo.

Halloween amistad valentía diversión
Peludín, un monstruo verde y peludo, asoma la cabeza por debajo de una cama, mirando con ojos saltones y una sonrisa traviesa mientras un rayo de luna ilumina un montón de ropa de niño.

Yo era Peludín, un monstruo verde y peludo que vivía bajo la cama, con ojos saltones como canicas de gelatina y unos dientes tan suaves como algodón de azúcar. La noche de Halloween, mientras el aire empezaba a oler a calabaza y misterio, sentí un cosquilleo diferente en mi corazón. Estaba cansado de ser el "monstruo aterrador" que solo daba pequeños sustos juguetones. Este año, mi gran sueño era ir a la fiesta de disfraces de la casa vecina vestido de… ¡niño humano! Era una idea tan disparatada que mi cola se movía como un resorte loco. ¡Fli-fli-flú!

Mi primera misión fue encontrar ropa. ¡Oh, qué odisea! Me escabullí por el pasillo oscuro, mi cuerpo verde brillando apenas con la luz de la luna que se colaba por la ventana. Todo lo que encontraba era o demasiado grande, como un par de pantalones que parecían sacos de dormir para gigantes, o demasiado pequeño. Intenté meterme en unos vaqueros azules, pero mi cola peluda era tan rebelde como una serpiente de juguete y simplemente no cabía. ¡Puf! Dije yo, con un suspiro que sonaba a burbuja que se escapa.

Peludín está enredado en un montón de calcetines de colores que lo abrazan con entusiasmo, mientras Teje, una pequeña araña, se descuelga de su telaraña con una mirada ingeniosa.

De repente, un ¡Tic-tac-toe! suave me hizo mirar hacia el cesto de la ropa sucia. Allí, un grupo de calcetines solitarios, de todos los colores y tamaños (rayas, lunares, ¡hasta uno con una fresa!), me miraban con sus ojitos de botón descosido. Pensaron que yo era un calcetín gigante, un amigo nuevo para sus juegos. —¡Ven aquí, amigo peludo! —chilrearon con voces finitas, y empezaron a enrollarse a mis patas, intentando darme un abrazo de lana que me hacía cosquillas como plumas. Era divertido, pero no me ayudaba con mi disfraz de niño humano.

Justo cuando pensaba que no había solución, apareció Teje, la araña más ingeniosa de toda la casa, descolgándose de una telaraña como un acróbata diminuto. Sus ocho ojos brillaron con ideas. —Peludín, ¿por qué quieres ser alguien que no eres si ya eres maravilloso? —me susurró con voz como hilito de seda. Teje, con sus patitas expertas, empezó a trabajar. Un trozo de tela a cuadros de picnic, un sombrero olvidado con orejas de conejo suaves, y ¡zas!, mi cola, que era mi mayor problema, se convirtió en la bufanda más calentita y original que jamás se hubiera visto. ¡Era un disfraz de Peludín, pero mejorado y listo para brillar!

Peludín, con su disfraz único de camisa a cuadros, sombrero con orejas y su cola como bufanda, sonríe feliz en una fiesta de Halloween iluminada por calabazas y luces de colores, sosteniendo un trofeo.

Con mi nueva pinta, me sentí ligero como una hoja de otoño que baila con el viento. Fui a la fiesta, donde las calabazas sonreían con luces anaranjadas como pequeños soles y los fantasmas eran sábanas que volaban suavemente. Al ver mi atuendo, todos exclamaron un ¡Ohhh! de sorpresa y alegría, y mis dientes de algodón de azúcar se mostraron en una gran sonrisa. Y cuando anunciaron el premio al disfraz más original, ¡mi nombre resonó por todo el salón! Peludín, el monstruo verde y peludo, que había aprendido que ser uno mismo, con cola y todo, era el mejor disfraz de Halloween. Y así, esa noche mágica y llena de risas, yo fui el niño más feliz, y la luna, desde arriba, me guiñó un ojo ¡Fli-fli-flú!

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?