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Nevado y el Secreto Helado

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Portada de Nevado y el Secreto Helado
5-6 años 4 min

Nevado y el Secreto Helado

Un muñeco de nieve que trae la magia del invierno, ¡incluso en verano!

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Nevado, el muñeco de nieve de trapo, en el rincón de juegos, sintiendo una cosquilla mágica.

Tú conociste a Nevado, el muñeco de nieve de trapo que vivía en el rincón de juegos de la guardería. Nevado nunca se derretía, ni un poquito, ni cuando el sol entraba por la ventana y calentaba el suelo. Un día, mientras los niños jugaban ruidosamente con bloques de colores, Nevado sintió una extraña cosquilla en su panza de algodón. Pensó que era un susurro, un susurro suave, un susurro de invierno. Se dio cuenta de que podía cantar, ¡sí, cantar! Suaves canciones de nieve que solo él podía escuchar al principio, como un secreto helado que quería compartir.

Nevado cantando mientras una mariquita y un plátano bailan sorprendentemente.

Te acercaste a Nevado un martes muy caluroso, cuando la pequeña Ana suspiraba por un helado y Leo no quería jugar. Nevado decidió intentarlo. Primero, intentó cantar una canción sobre copos de nieve que bailaban. ¡Sssssshhh! Se escuchó un sonido, pero solo una mariquita que pasaba se detuvo a escuchar, ¡y luego empezó a dar vueltas como un trompo! Nevado, un poco confuso, volvió a intentarlo. Uno, pensó Nevado, concentrándose. Dos, susurró una melodía sobre un oso polar que usaba patines de hielo. Tres, y esta vez, el aire alrededor de Ana se sintió un poco más fresco. Ella sonrió, pero luego señaló a un plátano que, de repente, ¡había empezado a bailar solo en la mesa! —¡Mira, Nevado! —exclamó Ana, riendo a carcajadas. Nevado sonrió, ¡su música era muy peculiar!

Leo sonríe con los ojos cerrados, recordando la nieve, gracias a Nevado.

Pero Nevado no se rindió, no señor. Vio que Leo seguía con la cara larga, mirando las nubes como si esperara algo. Nevado tomó una respiración profunda, o lo que para un muñeco de trapo era una respiración profunda, y ¡Zzzzzzz! susurró una canción nueva. Era una canción muy especial, sobre un gigante que usaba un gorro de nube y resbalaba en charcos helados. ¡Plof! ¡Plof! Enseguida, Leo cerró los ojos y empezó a contar: —...y luego caí en la nieve suave, ¡como una almohada gigante! —dijo, sonriendo de oreja a oreja.

Nevado feliz, rodeado de niños que ríen y comparten recuerdos de nieve en un día soleado.

De repente, otros niños se acercaron, atraídos por la alegría de Leo. —¡Y yo hice un muñeco de nieve con nariz de zanahoria! —añadió Ana, que ahora recordaba sus propias aventuras. —¡Y mi papá me tiró una bola de nieve y me dio en la cabeza! —gritó Mateo, riendo a carcajadas. El rincón de juegos se llenó de risas y recuerdos de inviernos, mientras Nevado, el muñeco de nieve de trapo, se sentía el más feliz del mundo, ¡incluso con el sol brillando afuera y los plátanos bailando en la mesa!

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?