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Espino, el Erizo Florecido

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Portada de Espino, el Erizo Florecido
4-5 años 2 min

Espino, el Erizo Florecido

Un erizo gruñón descubre la alegría de sus pinchos.

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Un erizo gruñón y solo, con pinchos puntiagudos, en un prado verde.

Espino era un erizo un poco gruñón. Sus pinchos, ¡ay!, siempre estaban en punta, como agujas de coser nubes. Por eso, casi nadie se atrevía a jugar con él. Se sentía solo y enojado, con un pequeño bufido que le salía del pecho. Sus días eran largos y silenciosos, pasaba el tiempo echado en la hierba suave, suspirando.

Mariquitas y hormiguitas suben a los pinchos de Espino, que está echado.

Un día, mientras Espino estaba echado, quieto como una piedra peluda, varias mariquitas con sus puntitos rojos y hormiguitas muy curiosas lo vieron. Creyeron que sus pinchos eran un arbustito seguro y ¡subieron! Poco a poco, con patitas suaves, se refugiaron entre sus púas, buscando la sombra del sol. Espino sintió un cosquilleo, un suave "¡prrr!" en su lomo.

Espino rueda y sus pinchos recogen muchas flores y hojas de colores.

De repente, Espino se movió un poquito, un "¡ñam!" de hierba. Las mariquitas y hormiguitas se aferraron fuerte para no caer. Y ¡oh, sorpresa! Al rodar un poquito, ¡rodar, rodar, ro-dar!, sus pinchos, que antes eran solo gruñones, empezaron a recoger flores de mil colores y hojitas verdes. Se convirtió en una bolita mágica, un "¡puf!" de colores y vida.

Espino, cubierto de flores, sonríe feliz mientras otros animales ríen con él.

Los otros animales del bosque, que antes lo evitaban, lo vieron. "¡Mira, un erizo-árbol!", rió una ardilla. "¡No, es un erizo-flor!", graznó un pajarito. Espino se miró, ¡qué divertido! Sus pinchos ya no eran solo para gruñir, ¡eran para jugar y disfrazarse! Una gran sonrisa, ¡ancha como una luna!, apareció en su carita. Descubrió que ser diferente podía ser la cosa más alegre del mundo.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?