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Mumo y el Destello Perdido del…

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Portada de Mumo y el Destello Perdido del Atardecer
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Mumo y el Destello Perdido del Atardecer

Pequeños destellos brillan más cuando los compartes y pides ayuda.

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Mumo, un susurro brillante, recogiendo una chispa de una concha en la playa al atardecer.

Yo soy Mumo, un pequeño susurro que brilla, y siempre llevo conmigo veinte hilos de plata que danzan a mi alrededor. Aquí, en esta playa tranquila, mientras el sol se despide con colores de fresa y naranja, mi corazón busca el destello más bonito para que el atardecer sea aún más mágico. El mar hace un sonido suave, un sussurro, mientras las olas besan la arena. De repente, ¡ahí está! Una chispa diminuta, como una estrella caída, que baila en una concha de nácar. La miro y la quiero tanto que la guardo en mi pequeño bolsillo de hoja, ¡un poquito lento para mostrarla!

Mumo busca su chispa perdida en la arena, mientras dos cangrejos se acercan para ayudar.

Quiero subir a la duna más pequeña, desde allí la luz se ve mejor para todos. Con mis piecitos de nube, empiezo a escalar, sintiendo la arena fresca bajo mí. Subo y subo, con cuidado, pero ¡plink! De mi bolsillo de hoja, la chispa salta y desaparece entre la arena suave. Mis hilos de plata revolotean con una pena suave, un sussurro-triste. Oh, ¿dónde se ha ido mi luz? Busco con mis ojitos de rocío, muevo la arena un poquito con mi dedo, pero no la encuentro.

Intento buscarla una y otra vez, hasta dos veces, pero la arena es tan grande y mi chispa tan pequeña. Me siento un poquito solo, ¿y ahora qué? Miro el mar, que siempre comparte todo su brillo sin pensarlo. De pronto, veo a dos amiguitos, dos pequeños cangrejos con ojos curiosos, cerca de una piedra. Decido ser valiente y acercarme.
—Hola, ¿me podríais ayudar? —pregunto con mi voz de brisa.
Uno de los cangrejos, llamado Chispa, hace snip-snip con su pinza, y el otro, llamado Ola, hace tap-tap con su patita, como si dijeran: ¡Claro que sí!

Mumo, feliz, sostiene la chispa encontrada con sus amigos cangrejos, y el atardecer brilla más.

Los dos cangrejos, Chispa y Ola, empiezan a buscar conmigo, moviendo la arena con sus pequeñas pinzas y patitas. No pasa mucho tiempo, solo unos momentos más, y ¡oh, qué alegría! Ola la encuentra, justo debajo de una conchita. ¡Mi chispa está a salvo! Mis hilos de plata brillan con un sussurro-alegre ahora. Entiendo que, a veces, cuando algo se pierde, pedir ayuda a los amigos es la mejor manera de encontrarlo. Ahora, con mi corazón lleno, levanto la chispa y la ofrezco al cielo. ¡Mira! El atardecer brilla con un color aún más intenso y hermoso, un regalo de todos para todos.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?