S

Minina y la Sombra Traviesa de…

1/5
Portada de Minina y la Sombra Traviesa de Halloween
3-7 años 5 min

Minina y la Sombra Traviesa de Halloween

Una gata curiosa descubre la magia de lo inesperado en la noche más divertida.

Halloween amistad valentía diversión
Minina, una gata negra, intenta hacer una sombra con su pata, mientras su sombra ya se divierte transformándose.

Desde mi nube de plata, la luna, contemplo el bullicio que pinta la noche. En cada ventana, calabazas sonríen con luces titilantes, y el aire huele a hojas crujientes y a dulces secretos. Allí está Minina, una gata negra con ojos como dos esmeraldas curiosas, moviendo su cola con un ¡zas, zas! de emoción. ¡Es la noche de Halloween! Y ella, con su corazón de artista, tiene un gran plan: el "Show de Sombras Divertidas" en la plaza del pueblo. Ella sueña con formas perfectas, con un conejo esbelto y un castillo majestuoso proyectado en la pared.

Minina se posiciona, sus patitas suaves sobre el suelo frío. La luz de una linterna mágica, que brilla con un tono naranja y violeta, está lista. Levanta una pata, y su sombra, ¡zas!, aparece detrás. Intenta hacer la silueta de un conejo con orejas largas, pero ¿qué hace la sombra? ¡Boing, boing! Salta y se estira, transformándose en un murciélago bailarín que agita sus alas imaginarias con ritmo propio. Minina frunce el ceño, sus bigotes temblorosos. —¡Ay, sombra, qué traviesa eres! —murmura, y la sombra parece reír con un ¡jijiji! silencioso, balanceándose como una hoja al viento.

Minina, un poco frustrada, mira cómo su sombra se convierte en un monstruo bailarín en la pared de un jardín iluminado por faroles de calabaza.

Minina lo intenta de nuevo, con más concentración. Primero, quiere un fantasma amistoso, uno que flote despacito. Pero la sombra, ¡puf!, se convierte en un monstruo bailarín que hace giros y piruetas, sus brazos largos como algas marinas. Luego, intenta una flor delicada, dos pétalos suaves. Pero la sombra, ¡plop!, se estira y crea una flor con orejas que se mueven al compás de una música invisible. El público, que ya se acerca, suelta tres risas, risas tan dulces como caramelos. Minina se siente un poquito frustrada, sus ojos verdes fijos en la figura danzarina que no la obedece.

Minina se detiene. Su cola ya no se mueve con ¡zas, zas!, sino que está quieta, pensativa. Mira a su sombra, que ahora hace la forma de una pequeña nube que baila sola, sin esperar órdenes. La sombra no es malvada, no, ¡es solo divertida! Es como un amigo juguetón que no puede estarse quieto. Minina comprende entonces que no puede controlar a su sombra, no más de lo que puede controlar el viento que silba entre los árboles. Una chispa de una idea brillante enciende sus ojos. Si no puedo controlarla, ¿por qué no unirme a la diversión?

Minina y su sombra bailan juntas en un tejado bajo la luz de la luna, creando un espectáculo improvisado y mágico que divierte a todos.

Con un ¡miauuu! alegre, Minina da un salto. Ya no intenta hacer formas perfectas. Ahora, ella baila, brinca y gira, dejando que su sombra haga lo que quiera. La sombra se estira, se encoge, se transforma en un dragón que guiña el ojo, luego en un búho que hace ¡uuuh!, y después en un tren de sombras que chucu-chucu-chucu cruza la pared. El público, niños y adultos por igual, ríe a carcajadas. —¡Qué show tan genial! —exclaman, con aplausos que suenan como lluvia suave. Minina y su sombra traviesa ganan el premio a "La Sombra Más Traviesa y Genial". Y mientras la noche se vuelve más dulce, Minina aprende que la diversión más grande a menudo se esconde justo en lo inesperado.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?