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Mimosín, la Momia Abrazadora

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Portada de Mimosín, la Momia Abrazadora
5-6 años 3 min

Mimosín, la Momia Abrazadora

Una noche de abrazos suaves y dulces sorpresas.

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Momia Mimosín, una momia suave, sosteniendo una cesta de caramelos bajo la luz de la luna, lista para el Truco o Trato.

Yo era Momia Mimosín, una momia muy, muy suave, casi como un algodón gigante. Mis vendas, ¡ay!, eran larguísimas y se movían con cada pasito que daba, como cintas de viento en un día de fiesta. Aquella noche especial de Truco o Trato, el aire olía a hojas crujientes y a magia recién horneada. Mi corazón, que era un poco blandito, saltaba de alegría. Mi sueño más grande era ser el "Abrazador Oficial de Dulces". Quería dar los abrazos más grandes y dulces de todo el vecindario. Pero cada vez que pensaba en ello, mis vendas se agitaban y me susurraban: "¡Ay, mis vendas! ¿Seré capaz?".

Momia Mimosín enredado en sus vendas, con caramelos cayendo, mientras una niña se acerca con una idea brillante.

Con mi cesta llena de caramelos brillantes, me acerqué a la primera casita, que tenía una luz amarilla y dulce. —¡Truco o Trato! —dije con voz de algodón. Un niño salió corriendo. Abrí mis brazos para darle un abrazo enorme, ¡pero mis vendas! ¡Oh, mis vendas! Se enredaron como un ovillo de lana travieso alrededor de mis pies. ¡Zas! Tropecé. Los caramelos, ¡plof!, volaron por el aire como pequeñas estrellas de colores y cayeron al suelo. Me sentí un poco desinflado, y otra vez mis vendas me susurraron: "¡Ay, mis vendas! ¿Seré capaz?". Me preguntaba qué hacer. Entonces, una niña con ojos chispeantes como luciérnagas se acercó.

Momia Mimosín felizmente dando un gran abrazo, con sus vendas atadas en un cinturón de abrazos con bolsillos para los dulces.

Ella me miró con una sonrisa más brillante que mil lunas. —Mimosín —dijo—, tus vendas son muy suaves, ¡pero un poco escurridizas! Con sus manitas ágiles y rápidas como un colibrí, empezó a atar mis vendas con nudos firmes y bonitos, creando pequeños bolsillos. —¡Listo! —exclamó—. ¡Un cinturón de abrazos con sitio para los dulces! Ahora mis vendas no se enredaban. Pude dar abrazos gigantes y suaves, ¡sin tropezar! Los dulces se quedaron seguros en sus nuevos bolsillos. ¡Oh, sí! Fui el Abrazador Oficial de Dulces más popular. Repartía abrazos cálidos como mantas y caramelos dulces como sueños, y la noche se llenó de risas y amistad. Mis vendas, ¡por fin!, solo me susurraban: "¡Sí, sí, sí! ¡Eres capaz!".

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?