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Blas y el Jardín de los…

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Portada de Blas y el Jardín de los Aromas
5-6 años 2 min

Blas y el Jardín de los Aromas

Un topito que encontró los colores con su nariz y sus patas.

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Blas, un topito triste, olfatea raíces en su madriguera.

Blas era el topito más ciego de toda la madriguera, pero su nariz... ¡oh, su nariz era una maravilla! Podía oler las zanahorias más dulces, el lodo más suave y hasta el miedo de la lombriz más chiquitita que se escondía. Se acercaba el Festival de las Raíces, una fiesta subterránea donde los topos decoraban con las raíces más bonitas y coloridas, y Blas se sentía un poco triste. ¿Cómo podía celebrar la belleza de los colores si no podía verlos? Su pequeño corazón suspiraba mientras los otros topos hablaban de rojos brillantes y amarillos soleados.

Blas descubre que puede oler y sentir el color rojo de una remolacha.

Un día, mientras Blas olfateaba con tristeza una raíz de remolacha, algo increíble sucedió. Concentró su nariz, la apretó con curiosidad, y de pronto, ¡sintió el color rojo! No lo vio con sus ojos, sino que lo "saboreó" en su nariz, como un dulzor profundo y cálido que cosquilleaba. Después, tocó con sus patitas una raíz espinosa de cardo y sintió su "verdor" áspero, y luego una suave de diente de león, sintiendo su "amarillo" sedoso. "¿Podría ser que los colores no solo se ven, sino que se huelen y se sienten?" se preguntó, con una chispa de asombro en su pequeño rostro.

Blas organiza raíces en su jardín subterráneo, oliéndolas y tocándolas.

Con su nueva habilidad, Blas ya no se sentía triste. Se convirtió en un explorador de raíces, moviendo su hocico de aquí para allá, tocando y oliendo cada una con una alegría desbordante. "¡Esta raíz de jengibre huele a un naranja picante y áspero!" murmuraba. "¡Y esta de rábano, a un blanco crujiente y fresco!" Con sus patitas ágiles, empezó a organizar las raíces, no por cómo se veían, sino por cómo se sentían y olían. Creó un jardín subterráneo único, donde cada raíz tenía su propio lugar especial, como si contara una historia solo para la nariz y las patas.

Otros topos descubren las raíces a través del olfato y el tacto, guiados por Blas.

Los demás topos, que pasaban por su madriguera, al principio se asombraron. Nunca antes habían pensado en oler los colores o sentir la suavidad de un amarillo. "¿Qué haces, Blas?", preguntaban con curiosidad, acercando sus propias narices a las raíces. Blas los invitó a oler el "rojo dulce" de la remolacha, a tocar el "verde espinoso" del cardo. Lentamente, los topos comenzaron a imitarlo, cerrando los ojos para concentrarse en los aromas y las texturas. Descubrieron un mundo nuevo, lleno de sensaciones maravillosas que antes habían pasado por alto. "¡Es como ver con la nariz y las patas!", exclamó una topita, con los ojos cerrados y una sonrisa.

Blas es celebrado como el 'Jardinero de los Aromas' en el Festival de las Raíces.

Cuando llegó el Festival de las Raíces, el jardín de Blas era el más especial de todos. Aunque no brillaba con colores para los ojos, ¡era una explosión de sensaciones para la nariz y las patas de todos! Los topos, grandes y pequeños, paseaban lentamente, oliendo y tocando cada raíz, descubriendo la belleza con todos sus sentidos. El Gran Topo Mayor, con una sonrisa de oreja a oreja, anunció con orgullo: "¡Blas nos ha enseñado que la belleza está en todas partes, si sabemos cómo buscarla! De ahora en adelante, será nuestro 'Jardinero de los Aromas'!" Y Blas, el topito que no veía los colores, se sintió el más feliz de todos, rodeado de aromas y el calor de su comunidad.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?