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Lily y la Nube Golosa

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Portada de Lily y la Nube Golosa
5-6 años 5 min

Lily y la Nube Golosa

Una aventura de Halloween llena de risas y burbujas mágicas.

Halloween amistad valentía diversión
Lily, una niña bruja, con su escoba y cesta de dulces en una sala decorada de Halloween. Un pequeño fantasma triste asoma.

Una noche de Halloween, cuando la luna redonda como una galleta de jengibre asomaba entre las nubes, Lily, una niña con un sombrero de bruja suave y un vestido lleno de estrellas, estaba lista. Su cesta rebosaba de dulces mágicos, caramelos que, al morderlos, soltaban burbujas de sabor que flotaban por el aire. ¡Qué maravilla! Pero algo no iba bien. Un murmullo triste corría por las calles decoradas. Los niños lloraban, no de susto, sino porque sus cestas estaban vacías. Una traviesa, ¡una Nube de Caramelo glotona!, se había escapado del cielo de los postres y se estaba comiendo todo, ¡ÑAM-ÑAM-ÑAM!, dejando solo envoltorios vacíos.

Lily frunció el ceño. ¡Esto no podía ser! Tenía que detener a esa Nube comilona. Corrió hacia su escoba, que no era una escoba cualquiera, sino una mágica, muy, muy especial. La escoba, con su mango de madera pulida y cerdas suaves, vibró un poquito. Lily la tomó. Pero la escoba solo volaba de una manera: —¡Solo si hay risas, risas de verdad, me elevo! —parecía susurrar con un ¡ZUM-ZUM-ZUM! bajito—. Lily lo sabía. Si quería volar para salvar el Halloween, tendría que hacer reír, ¡y mucho!

Lily vuela en su escoba mágica, riendo mientras persigue una Nube de Caramelo regordeta sobre los tejados iluminados por la luna.

Así que Lily, con su corazón valiente y su mente llena de ideas disparatadas, decidió empezar su misión. Vio a un pequeño fantasma que sollozaba junto a un buzón. Lily hizo una pirueta tan, tan graciosa que su sombrero casi se le cae, y luego, con la lengua fuera, guiñó un ojo. El fantasma dejó de llorar y soltó una ¡Jajaja! La escoba vibró más fuerte, ¡ZUM-ZUM-ZUM! Se elevó un poquito del suelo. Luego, Lily encontró a una calabaza que no dejaba de quejarse. Se puso a bailar como un espantapájaros en un día de viento, con movimientos tan chistosos que la calabaza ¡PLOF! soltó una carcajada.

Con cada risa, la escoba de Lily ganaba más y más impulso. ¡ZUM-ZUM-¡ZUM! volaba ahora, dejando una estela de chispas doradas. Lily sobrevolaba los tejados, las chimeneas con forma de gárgola, y las farolas con ojos de calabaza. Y allí la vio: una enorme Nube de Caramelo, esponjosa y rosada, que flotaba pesadamente, ¡ÑAM-ÑAM-ÑAM! ¡Otra vez! ¡Se estaba comiendo un pastel de manzana que habían dejado en una ventana! La Nube, al ver a Lily, intentó escapar, pero estaba tan llena que se movía despacio. Lily la persiguió, riendo ella misma, feliz de que su escoba funcionara tan bien.

Lily y la Nube de Caramelo comparten dulces mágicos que crean burbujas de sabor, mientras niños disfrazados ríen bajo la luna y las luces de Halloween.

Finalmente, Lily alcanzó a la Nube de Caramelo. La Nube no era mala, solo estaba muy, muy hambrienta. Sus ojos de azúcar brillaban con un poco de tristeza. Lily sonrió. —¡No te preocupes, Nube! —dijo, ofreciéndole sus dulces mágicos—. ¡Toma, prueba estos! La Nube mordió un caramelo y, ¡PUF!, burbujas de sabor a fresa y limón salieron de su boca, flotando y brillando bajo la luna. Los niños, al verlas, dejaron de llorar y corrieron a cogerlas, riendo con alegría. Y así, esa noche de Halloween, gracias a Lily y su escoba risueña, las calles se llenaron de risas, de burbujas de sabor y de la amistad más dulce. ¡Qué noche tan mágica!

¡Qué cuento tan bonito!

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