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Liloa y los Brillitos Olvidados

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Portada de Liloa y los Brillitos Olvidados
5-6 años 2 min

Liloa y los Brillitos Olvidados

Cuidar nuestro hogar nos llena de alegría.

cuidado del planeta gratitud amistad
Liloa, una flor de loto violeta, mirando una tapa brillante en el suelo del bosque.

En un claro soleado de un bosque muy amable, vivía Liloa, una pequeña flor de loto con pétalos que podían brillar con un suave color violeta cuando estaba muy contenta. Si el sol era muy fuerte o no tenía agüita, sus pétalos se cerraban un poquito y se ponían tristes, pero casi siempre, Liloa irradiaba una dulce luz. A ella le encantaba ver cómo el rocío de la mañana se posaba en sus hojas, ¿no es eso algo mágico? Un día, mientras las mariposas revoloteaban y los grillos cantaban, Liloa notó un brillo inusual cerca de sus raíces, algo que nunca había visto en el pasto.

Liloa, la flor de loto, con pétalos algo tristes, escuchando a sus amigos animales explicarle sobre los objetos que encontró.

Con sus hojitas curiosas, Liloa se estiró y recogió el objeto. ¡Era una tapa de botella de plástico, lisa y brillante! Sus pétalos se iluminaron con un violeta intenso. Se sentía como si hubiera encontrado un tesoro. Entonces, Liloa canturreó suavemente:

«¡Un brillo olvidado encontré, qué bonito será si lo cuidé!»

No mucho después, un poco más allá, vio otro brillo: una cinta de tela de colores, un poco deshilachada. También la recogió con cuidado, y sus pétalos volvieron a brillar con una luz muy alegre. Otra vez, Liloa cantó con más fuerza:

«¡Un brillo olvidado y otro más encontré, qué bonitos serán si los cuidé!»

Animada por sus hallazgos, Liloa se movió hasta que encontró un tercer brillo: una pequeña rueda de coche de juguete, de un azul eléctrico. Llevó los tres objetos a sus amigos más cercanos: Pip, el pequeño petirrojo que siempre cantaba, Ulula, la sabia tortuga de estanque que siempre pensaba, y Sali, la curiosa libélula que volaba muy rápido. Liloa les mostró sus "tesoros" con gran entusiasmo, pero ellos se miraron un poco confundidos. —Liloa, querida flor —dijo Ulula con voz lenta—, esos no son tesoros del bosque, son cosas que no deberían estar aquí. Los pétalos de Liloa se cerraron un poquito, y su brillo violeta se atenuó, ¿había cometido un error?

Liloa, la flor de loto, y sus amigos animales limpiando y decorando un árbol con los objetos que encontraron.

Pero Liloa, aunque un poco triste, tuvo una idea chispeante. —¡Lo tengo! —exclamó con una vocecita que apenas se oía, pero que rápidamente ganó fuerza—. ¿Y si los limpiamos y los dejamos más bonitos que antes? Así, aunque no sean del bosque, ¡podrán tener una nueva vida! Pip gorjeó entusiasmado, Ulula asintió con una sonrisa suave, y Sali revoloteó con alegres aleteos. Juntos, con patitas y hojitas cuidadosas, comenzaron a limpiar cada objeto, quitándoles el polvo y la tierra con agua fresca y hojitas suaves.

Cuando los tres objetos —la tapa, la cinta y la rueda— estuvieron relucientes, Liloa los colocó alrededor de un pequeño arbolito que parecía un poco desanimado y necesitaba un poco de color. ¡El arbolito pareció sonreír! Al ver sus brillos limpios y los ojos agradecidos de sus tres amigos, Liloa sintió que treinta y siete pequeñas chispas de alegría danzaban en sus pétalos, haciéndola brillar como nunca. Había aprendido que cuidar lo que nos rodea y a quienes amamos es el verdadero tesoro que el bosque nos regala, y por eso, sentía una gratitud infinita en su corazón.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?