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La Nube Dulce y el Mercado…

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Portada de La Nube Dulce y el Mercado Mágico
5-6 años 5 min

La Nube Dulce y el Mercado Mágico

Con amigos y cooperación, hasta el deseo más dulce se puede alcanzar.

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Podom, una pequeña nube con un lazo rosa, flotando y estirándose hacia un puesto del mercado.

Yo era Podom, una nubecita curiosa con un lazo rosa que adoraba los dulces, pero a veces, ¡flotaba sin querer! Un sábado soleado, me encontré en un mercado colorido lleno de risas y olores a fresas y pan. Mi misión era clara: encontrar la baya más jugosa de todas. Vi un puesto con unas bolitas brillantes y rojas, ¡seguro eran ellas! Intenté acercarme, flotando y estirándome, pero era demasiado alto. Subí, subí, hasta que ya no podía más. ¿Qué podía hacer una nubecita curiosa como yo? Intenté uno… pero solo logré alejarme más, bailando entre los globos.

Podom, la luciérnaga Lila y la roca-tortuga Rolo intentan alcanzar las bolitas rojas en el mercado.

Flotando un poco más bajo, todavía veía las brillantes bolitas. —¡Oh, no! ¿Quién nos ayudaría? —me pregunté, aunque aún estaba solo. De repente, una luciérnaga lila llamada Lila, con ojos grandes y brillantes, voló hacia mí. —¡Yo te ayudaré, Podom! —dijo, intentando empujarme con sus patitas luminosas. Pero yo era tan ligero que me hacía cosquillas. Luego, apareció Rolo, una roca-tortuga robusta con un caparazón musgoso, caminando lento pero seguro. —Yo los levantaré —dijo con voz grave, pero éramos demasiado etéreos para sus esfuerzos. Intentamos dos… pero las bolitas seguían muy lejos. Yo solo quería un dulce bocado, Lila solo quería ayudar, y Rolo solo quería ser fuerte.

La girasol Girasola explica a Podom, Lila y Rolo que las bolitas son canicas, no bayas.

Los tres estábamos un poco tristes, mirando las inalcanzables bolitas. —¡Oh, no! ¿Quién nos ayudaría ahora? —exclamamos juntos. Justo entonces, una girasol girasola muy alta y sabia, con pétalos que parecían una corona dorada, se inclinó suavemente hacia nosotros. —Mis pequeños amigos, ¿qué buscan con tanto ahínco? —preguntó con una voz que sonaba como el susurro del viento. Le señalé las bolitas. Girasola se acercó un poquito más y, con una sonrisa, dijo: —¡Pero Podom, esas no son bayas! Son brillantes bolitas de cristal, ¡canicas que reflejan el sol! ¡Vaya sorpresa! Yo había cometido un divertido malentendido. Mis dulces deseos me habían engañado un poco.

Podom, Lila, Rolo y Girasola trabajan juntos para alcanzar las verdaderas bayas.

Girasola, viendo mi vergüenza, me dio una tierna sacudida de sus pétalos. —No te preocupes, Podom. Juntos podemos encontrar las verdaderas bayas. Lila, con tu luz nos guiarás. Rolo, con tu fuerza nos darás un buen soporte. Y yo, con mi cuello largo, las alcanzaremos. ¡Podom, tú nos dirás dónde! Juntos, hicimos un último intento, el tercero. Lila iluminó el camino, Rolo nos dio un empujón firme, y Girasola estiró su tallo hacia el puesto de al lado, donde unas verdaderas bayas esperaban.

Podom y sus amigos reciben una tarta de nueve bayas de un amable gnomo, celebrando su trabajo en equipo.

¡Y funcionó! Allí, en el puesto de frutas, había montañas de bayas rojas, azules y moradas. Un amable gnomo, el dueño, nos sonrió. —Veo que la cooperación es la clave —dijo. Para celebrar nuestro trabajo en equipo y el gracioso error de Podom, nos ofreció una tarta de nueve bayas con crema batida. ¡Era la cosa más dulce y deliciosa que había probado! Aprendí que, aunque a veces me flotara lejos o me equivocara, con amigos y un poco de ayuda, cualquier deseo, ¡incluso el más dulce!, se puede alcanzar.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?