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La Escoba Feliz de Nico

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Portada de La Escoba Feliz de Nico
5-6 años 2 min

La Escoba Feliz de Nico

Una carrera mágica donde la amistad es el mejor premio.

Halloween amistad valentía diversión
Nico, un niño con gafas, montado en su escoba Turboseta, se desvía de la carrera para oler una flor gigante de calabaza bajo la luna de Halloween.

¡Hoy es la noche más brillante del año! Mi corazón bum-bum-bum como un tambor de calabaza. Soy Nico, el de las gafas curiosas, y mi escoba, Turboseta, está lista para la 'Carrera Anual de Escobas Voladoras'. Ella no es una escoba cualquiera; sus cerdas son como bigotes de gato, suaves y puntiagudas, y su mango brilla con polvos de estrellas. Me subo, ajusto mis gafas, y grito: —¡Vamos, Turboseta, a ganar!

El aire de Halloween zumba a nuestro alrededor, lleno de risas de fantasmas amistosos y el aroma a pastel de manzana. La carrera empieza con un ¡ZUUUM! de mil escobas. Pero ¡oh, sorpresa! Turboseta no va hacia la meta. Se desvía, con un suave ¡whiiiish!, hacia una flor de calabaza gigante, naranja como el sol. ¡Uno! Huele sus pétalos aterciopelados con la punta de su mango, como si fuera un perrito explorador. Yo le digo: —¡Turboseta, la meta está allá!

Nico y Turboseta persiguen una hoja dorada sobre un pueblo de Halloween mientras caen dulces de las alturas, brillando bajo la luna.

Intento girar el mango, pero Turboseta tiene su propia idea de diversión. De repente, ve una hoja dorada, crujiente como una galleta, flotando en el viento. ¡Fliiiiip! Va tras ella, haciendo piruetas en el aire, como una bailarina traviesa. ¡Dos! La persigue por encima de los tejados brillantes de estrellas, muy lejos de la carrera. Mis amigos se ríen desde abajo, y yo también, aunque estoy un poco confundido. —¡Turboseta, no es un juego de perseguir!

Entonces, algo mágico ocurre. Veo dulces que caen de las bolsas de otros niños, como lluvia de colores bajo la luna. Uno, dos, tres caramelos rebotan en el suelo. Miro a Turboseta, que parece decirme con un pequeño ¡bzzzz! de sus cerdas: "¡Vamos a recogerlos!". Entiendo. Ella no quiere ganar la carrera, ¡quiere hacer feliz a todos! Así que le digo: —¡Turboseta, a la caza de dulces! Y ella, feliz, se lanza, su mango gira y gira, sus cerdas recolectan y recolectan.

Nico y Turboseta llegan a la meta con una bolsa llena de dulces para compartir con sus amigos monstruos, celebrando bajo un cielo estrellado.

Turboseta y yo no somos los primeros en cruzar la línea, ¡pero sí los más dulces! Llegamos con una bolsa tan llena de golosinas que parece una nube de algodón de azúcar. Mis amigos, con sus disfraces de brujos y vampiros, se acercan con ojos brillantes. —¡Para todos! —grito, y Turboseta emite un ¡wiip-wiip! alegre. No ganamos la carrera, pero ganamos algo mucho mejor: la risa de mis amigos y la escoba más feliz del parque, que ahora brilla con el brillo de mil dulces recogidos. ¡Una noche de Halloween perfecta!

¡Qué cuento tan bonito!

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