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El Rayito Valiente y sus Amigos…

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Portada de El Rayito Valiente y sus Amigos del Vapor
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El Rayito Valiente y sus Amigos del Vapor

Con un poquito de valor, las ideas más perezosas pueden cobrar vida.

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Rayo Soñador dibuja una flor somnolienta en una ventana empañada.

En una mañana tan fría que el cristal de la ventana estaba empañado, un pequeño rayo de sol, llamado Rayo Soñador, se coló con un bostezo. Rayo Soñador era un poco perezoso, tan perezoso como una tortuga en pijama. Pero al tocar el vapor, ¡zas!, descubrió que podía dibujar figuras. Y no solo eso, ¡sus dibujos cobraban vida por un instante! Tú, que mirabas por la ventana, tenías una carita un poco triste. Rayo Soñador, queriendo animarte, dibujó una diminuta y somnolienta flor en el cristal. ¡Qué maravilla! ¡Qué alegría! ¡Qué poder tan especial!

Rayo Soñador dibuja un caracol tímido y un pájaro pequeño junto a la flor.

Pero la flor somnolienta se veía muy solita. —Ay, qué solita estoy, —parecía decir con un suspiro de vapor. Rayo Soñador, con un esfuerzo extra para su pereza, pensó: “Necesito un amigo valiente para esta flor”. Así que dibujó un pequeño caracol al lado. Pero el caracol era tan tímido como una hoja que se esconde, y no se movía. No saludaba a la flor, no le hacía compañía. Rayo Soñador rascó su cabecita de sol. ¡Con un trazo de sol y un poquito de valor, tus dibujos cobran vida, ¡qué gran resplandor!

Rayo Soñador dibuja una abeja zumbadora para animar a los demás.

—Este caracol necesita un empujón de valentía, —murmuraste tú, y Rayo Soñador te escuchó. Él, con un esfuerzo valiente para su pereza, dibujó un diminuto pájaro cantor. El pájaro era tan pequeño como un guisante, pero su pico era valiente y puntiagudo. El pajarito miró al caracol, pero no cantó. El caracol seguía tan tímido, y la flor aún somnolienta. No canta para la flor, no canta para el caracol. —¿Qué le falta a este pájaro para cantar? —te preguntaste con un puchero.

La abeja zumba, el pájaro canta, el caracol se mueve y la flor brilla de alegría.

Rayo Soñador, sintiendo una chispa de valentía en su propio corazón, decidió hacer el dibujo más ruidoso y alegre de todos. Él dibujó una radiante abeja zumbadora, valiente como un capitán de barco. La abeja zumbó con un “¡BZZZZZ! ¡BZZZZZ!” tan fuerte como mil cosquillas. Su zumbido hizo que el pájaro cantor, valiente por la abeja, abriera su pico y cantara “¡Pío-pío-pío!” tan dulce como la miel. El caracol, animado por la música, ¡sacó sus antenas y se estiró! La flor, con tanta alegría, se puso tan brillante como una estrella.

La ventana llena de dibujos alegres que se desvanecen, y Rayo Soñador orgulloso.

La ventana ahora estaba llena de vida y alegría, y tú sonreíste de oreja a oreja. Los dibujos empezaron a desvanecerse lentamente, como pompas de jabón al sol. Rayo Soñador, ya no tan perezoso, se sentía orgulloso y valiente. Él sabía que cada dibujo, cada pequeña acción, puede ser un acto de gran valentía. Y tú, mirando la ventana, recordaste: ¡Con un trazo de sol y un poquito de valor, tus dibujos cobran vida, ¡qué gran resplandor! Tus ideas también pueden volar alto, ¡como un cometa en el cielo!

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?