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El Lápiz Cosquillero

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Portada de El Lápiz Cosquillero
5-6 años 4 min

El Lápiz Cosquillero

Una aventura de risas y suaves descubrimientos

humor amistad escuela Halloween
Un lápiz dormilón bosteza sobre un papel blanco en un aula decorada para Halloween.

Lápiz Dormilón era un lápiz con una mina suave y redonda que solo quería dibujar si el papel era tan blando como una nube. En el aula luminosa, ya decorada con amigables murciélagos de papel para la víspera de Halloween, las hojas blancas le parecían rígidas y aburridas. Bostezaba, estiraba su cuerpo de madera, y con un suave ¡zzzzz!, a menudo se caía del pupitre, soñando con almohadas aterciopeladas.

El lápiz dormilón cae con un 'plum' en el bolsillo de la maestra, donde hay un pañuelo de seda.

Una tarde, justo cuando el sol comenzaba a pintar rayas naranjas en la pared, Lápiz Dormilón intentaba dibujar una calabaza sonriente. Pero el papel le resultaba demasiado duro. Dio un pequeño suspiro de lápiz, se tambaleó, y con un ligero ¡plum!, cayó directamente en el bolsillo grande y cómodo del delantal de lunares de la señorita Clara. Dentro, acurrucado entre unas gomas de borrar de colores, reposaba un pañuelo de seda, brillante como una suave hoja de otoño. ¡Su textura era tan tentadora, tan suave!

El lápiz toca la seda y las letras y números de un libro cercano empiezan a reír y bailar.

La curiosidad le hizo cosquillas en la mina. ¿Sería esta la superficie perfecta para dibujar? Tocó suavemente su punta con la seda lisa. En lugar de una línea, una extraña y deliciosa sensación se extendió. ¡Su cuerpo de madera tembló de sorpresa! De repente, de las páginas abiertas de un libro de abecedario cercano, las pequeñas 'A' y 'B' comenzaron a reír. ¡Ji, ji, ji! canturrearon, moviendo sus diminutas serifas. Incluso los números serios de un libro de matemáticas empezaron a saltar y bailar, ¡Uno, dos, tres, wiii!, cambiando de lugar con chillidos de alegría. ¡La seda hacía cosquillas a todo!

El Lápiz Cosquillero, con un niño sonriente, hace que las letras y números bailen con risas.

Desde aquel día, Lápiz Dormilón ya no era solo un dormilón; se convirtió en "El Lápiz Cosquillero". La señorita Clara, con su amable sonrisa, notó cómo las letras bailaban y los números se movían cada vez que él tocaba la seda. Empezó a usarlo para "despertar" el espíritu de aprendizaje de sus pequeños alumnos. Cuando un niño se sentía un poco adormilado, un rápido ¡cosquilleo! de Lápiz Cosquillero en un trozo de seda hacía que las palabras y los números cobraran vida, llenando el aula de risas inesperadas y los movimientos más alegres. ¡Aprender se volvió una aventura cosquilleante y divertida!

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?