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El Gran Chapuzón de Gulú

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Portada de El Gran Chapuzón de Gulú
7 años 5 min

El Gran Chapuzón de Gulú

Un pequeño botón descubre que la valentía es más divertida que el miedo.

autoconfianza superación del miedo humor absurdo
Un pequeño botón rojo con sombrero de marinero, Gulú, asoma tímidamente de una grieta. Una paloma lo mira desde la fuente.

Yo, Plumífero, el vigilante de esta plaza, siempre observo. Hoy, mis ojos de paloma se fijan en Gulú, un pequeño botón rojo brillante con ojitos de hilo blanco y un sombrerito marinero imaginario. Vive en la grieta de una baldosa, justo al lado de la fuente. Cada mañana, lo veo asomar su redonda cabeza, mirando el agua burbujeante con una mezcla de deseo y temor. Cuando intenta dar un pasito, su cuerpecito hace un suave ¡Wibble-wobble!, pero luego se detiene, muy tímido. ¿No es curioso que algo tan pequeño anhele algo tan grande?

—¡Pst, Gulú! —le grazno suavemente, aunque no estoy seguro de que me entienda—. ¡El agua no muerde! ¿Acaso no quieres sentir esa frescura? —Parece que Gulú me mira. ¡Wibble-wobble! Mueve un poco sus ojitos de hilo. De repente, una de mis primas, Palomita, aterriza con un ¡FLAP-FLAP! estruendoso, justo al lado de Gulú. Ella, con su pata, empuja una migaja de pan gigante, tan grande como Gulú. —¡Para que tengas energía, pequeño! —dice Palomita, aunque Gulú solo la mira, sin saber qué hacer con esa montaña de pan.

Gulú, el botón, cerca de la fuente con una expresión nerviosa, mientras un pato despistado salpica agua sobre él.

Gulú da otro pasito. ¡Wibble-wobble! Está tan cerca de la fuente que ya puede sentir el rocío. Pero se detiene de nuevo. Su pequeña cara de botón parece preocupada. —Gulú, ¿qué te detiene? —le pregunto, inclinando mi cabeza. —Es que… es que tengo miedo de los chapuzones grandes —responde con una vocecita que apenas se oye, si eres un botón, claro—. ¿Y si un chorro me lleva volando a un lugar desconocido? La fuente, con su glu-glu-glu, parece estar riendo bajito, como si supiera un secreto divertido.

Justo entonces, un pato despistado que pasaba por allí, Pato Plácido, decide que es el momento perfecto para estirar sus alas y... ¡ZAS! Salpica con una de sus patas, creando un ¡Wibble-wobble-WOOSH! de agua que cae directamente sobre Gulú. Por un segundo, el pequeño botón se asusta, pero luego se da cuenta de que el agua solo lo ha hecho rebotar un poquito. ¡Y está fresquita! Gulú, empapado, suelta una risita diminuta, ¡una risita que nadie había oído antes!

Gulú, el botón, ahora empapado y feliz, chapoteando alegremente en el borde de la fuente, con Plumífero la paloma sonriendo.

Con los hilos de sus ojos brillando de valentía, Gulú se sacude el agua y, sin pensarlo dos veces, hace su ¡Wibble-wobble-SPLASH! final, directo al borde de la fuente. No se cae, solo se moja las "patitas" de hilo y siente la espuma suave. Allí se queda, feliz, riendo con el glu-glu de la fuente. ¡Qué maravilla! Gulú aprendió que a veces, lo que parece más grande y aterrador es, en realidad, lo más divertido. Y que un chapuzón, incluso uno grande, es solo agua.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?