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El Fantasma Estornudón y las Burbujas…

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Portada de El Fantasma Estornudón y las Burbujas de Halloween
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El Fantasma Estornudón y las Burbujas de Halloween

Un susto burbujeante que se convirtió en alegría

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El Fantasma Estornudón practica su 'Buu!' cerca de una calabaza de Halloween.

Había una vez un fantasma pequeñito, más ligero que una nube de algodón, llamado el Fantasma Estornudón. Él soñaba con ser el fantasma más asustadizo de la Noche de Halloween. Quería decir un gran '¡Buu!' y hacer temblar a los niños para conseguir muchos caramelos. Pero, por más que lo intentaba con todas sus fuerzas, su '¡Buu!' siempre se convertía en un ruidoso ¡Beee-chú!, y de su nariz salía, ¡Plof!, una burbuja de jabón gigante y brillante.

El Fantasma Estornudón estornuda una burbuja gigante que pasa delante de los niños.

Aquella víspera de Halloween, con la luna como una galleta redonda en el cielo oscuro, Estornudón se escondió detrás de un árbol viejo. Vio venir a un grupo de niños disfrazados y, lleno de emoción, se preparó para su gran susto. '¡Buuu...!', intentó. Pero no, de nuevo fue un ¡Beee-chú! muy fuerte, y una burbuja enorme, de colores del arcoíris, salió volando por el aire. Los niños la miraron curiosos, pero no se asustaron ni un poquito. Estornudón sintió un pequeño pinchazo de tristeza, pues solo quería sus dulces.

Un niño disfrazado de dragón ríe y juega con las burbujas del fantasma.

Poco después, Estornudón vio a un niño disfrazado de dragón verde, con cuernos suaves y alas pequeñas, sentado en un banco, con su carita triste. Su globo favorito se había roto. '¡Buuu...!', pensó Estornudón, intentando un último susto. Pero, ¡zas!, otra vez su ¡Beee-chú! burbujeante apareció, lanzando una lluvia de burbujas más pequeñas y una gigante que flotó justo delante del niño. El pequeño dragón levantó la vista y, al ver las burbujas danzar, su tristeza se desvaneció. Una sonrisa enorme apareció en su cara y empezó a reír, ¡Ji, ji, ji!, mientras intentaba atraparlas.

El fantasma y el niño comparten sonrisas y caramelos entre burbujas.

El Fantasma Estornudón se quedó flotando, observando al niño jugar con sus burbujas. Se dio cuenta de que sus estornudos, que antes le parecían un problema, ahora traían muchísima alegría. El niño dragón, feliz, le ofreció un puñado de caramelos de su cesta, ¡el doble de los que Estornudón había imaginado! Desde aquella Noche de Halloween, el Fantasma Estornudón dejó de intentar asustar. Se convirtió en el fantasma más divertido del barrio, creando nubes de burbujas para todos, y siempre recibía montones de sonrisas y dulces. ¡Ser original era mucho mejor que ser solo asustadizo!

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?