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Dulzaroma y los Aromas Soñados

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Dulzaroma y los Aromas Soñados

Hasta la vela más pequeña puede llenar de dulzura el mundo.

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Dulzaroma, una pequeña vela rosa, triste y sola en una despensa oscura.

Dulzaroma es una vela pequeñita, pequeñita, sin encender. Ella vive en la despensa oscura, junto a las cajas y los frascos. Dulzaroma estaba muy, muy quietecita. Dulzaroma estaba un poquito triste. Nunca había brillado en un pastel de cumpleaños. —¿Podré yo también brillar? —pensaba Dulzaroma, muy bajito. El tiempo pasaba lento, lento. Un suave ñiiic sonaba a veces cuando se movía un poquito, casi sin querer.

Dulzaroma se frota contra una etiqueta de papel, descubriendo un aroma dulce.

Un día, Dulzaroma se movió un poquito más. Se deslizó, suave, suave, hasta una etiqueta de papel. ¡Sshhh! Hizo un ruidito al rozarla. Y entonces, ¡oh, sorpresa! Un rastro dulce, dulce, se quedó en el papel. —¡Qué aroma tan dulce! —susurró Dulzaroma. Era un aroma a fresa, ¡qué rico! Dulzaroma, que antes estaba triste, sintió una chispita de curiosidad. Pensó: ¿Y si froto otra vez? Sí, Dulzaroma quería probar otra vez.

Dulzaroma feliz, rodeada de aromas de fresa, limón y chocolate, mientras los niños sonríen e imaginan pasteles.

Y frotaba Dulzaroma. Y frotaba un poquito más. ¡Sshhh, mmmmh fresa! Y frotaba Dulzaroma otra etiqueta, una verde. ¡Sshhh, mmmmh limón! Y frotaba Dulzaroma una etiqueta marrón. ¡Sshhh, mmmmh chocolate! Así, la despensa se llenaba de aromas, uno tras otro, como una canción. Los niños, al entrar, cerraban sus ojitos. Y los niños soñaban con pasteles de fresa, y los niños soñaban con pasteles de limón, y los niños soñaban con pasteles de chocolate. Dulzaroma ya no estaba triste. Dulzaroma era la vela de los sueños dulces. ¡Qué bonito!

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?