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Corazoncito, el Bailarín Inesperado

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Portada de Corazoncito, el Bailarín Inesperado
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Corazoncito, el Bailarín Inesperado

Una melodía que inspira a bailar y compartir la alegría.

empatía generosidad música baile amistad
Corazoncito, un globo rojo, escapa de una mano en la plaza.

¡Pum-pum-pum! —te susurraba yo, la milonga, mientras flotabas, Corazoncito, un globo de helio rojo como una cereza. Eras tan suave como una nube rosada, y te sentías tan feliz en la mano de aquel niño. Pero de repente, ¡zas!, un soplo de viento juguetón te llevó lejos, por encima de las cabezas de los niños que reían en la plaza. Tú, Corazoncito, volabas libre, libre como un pajarito que estrena sus alas, y yo te seguía con mi ritmo.

Corazoncito se engancha suavemente en la rama de un árbol.

¡Pum-pum-PLIM! —te dije yo, la milonga, cuando te enredaste suavemente en la rama de un árbol viejo, con hojas verdes y vibrantes. Te quedaste allí, Corazoncito, colgando como una linterna alegre en medio del follaje. ¿Te dolía? Yo sentía tu pequeño susto. Desde mi lugar, te veía balancearte de un lado a otro, un suave movimiento que se acompasaba a mi melodía. ¿Qué harías ahora?

Niños observan a Corazoncito bailar en el árbol y sonríen.

¡Pum-pum-DANZ! —te animaba yo, la milonga, mientras te movías con gracia. Tus suaves balanceos parecían pasos de un baile, Corazoncito, tan delicados como pétalos de rosa. Una niña de trenzas rubias, con ojos curiosos como dos botones, te señaló. —¡Mira, mami! —dijo—. ¡El globo baila! Otros niños se acercaron, sus caritas sonrientes, y te observaban con asombro. Parecías un maestro de baile en el aire.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?