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Torbellino y el Misterio de los…

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Portada de Torbellino y el Misterio de los Arcoíris Perdidos
5-6 años 4 min

Torbellino y el Misterio de los Arcoíris Perdidos

Descubre cómo la verdad y la amistad hacen que los colores brillen más fuerte.

empatía honestidad misterio suave
Torbellino, un remolino de viento juguetón, baila en un campo de trigo al atardecer, creando un pequeño arcoíris.

Tú eres Torbellino, un pequeño remolino de viento, ¡y qué juguetón eres! Cada atardecer, cuando el sol pinta el cielo de naranja y rosa, tú bailas, bailas, ¡bailas! en el campo de trigo dorado. ¡Fiuuu, fiuuu! Giras y giras entre las espigas, haciéndolas mover como olas. Pero no solo las haces bailar; no, no, no. Tú, con tus giros mágicos, mezclas los colores del cielo y de las margaritas blancas, de las amapolas rojas, ¡de todas las flores! Y ¡zas! creas pequeños arcoíris. ¡Sí, arcoíris que viajan, viajan, viajan! Y se posan, suavecito, suavecito, en las plumas de los pájaros que regresan a casa. ¡Qué alegría verlos llevar un pedacito de magia!

Torbellino, el remolino, se detiene confundido mientras un arcoíris desaparece antes de llegar a un gorrión.

Una tarde, mientras el cielo se teñía de violeta, sentiste algo raro. Creaste un arcoíris brillante, ¡Puff!, y lo enviaste hacia un pequeño gorrión. Pero, ¡oh, sorpresa! El gorrión voló, voló, voló, y el arcoíris... ¡desapareció! ¡Puf! Torbellino, te detuviste en seco, casi cayéndote de lo confundido que estabas. —Pero dónde fue? —murmuraste, dando una vueltecita. Miraste a tu alrededor, a los campos, a las nubes. Otro arcoíris, ¡Pum!, lo lanzaste hacia una paloma, pero también... ¡se desvaneció antes de llegar! ¡Uhm, uhm, qué pum! Te preguntaste, ¿qué está pasando?

Torbellino descubre una rama de roble 'robando' los colores de los arcoíris, mientras un colibrí triste observa.

Los pájaros, al ver que no recibían sus brillos de colores, empezaron a revolotear con caritas tristes. ¡Pío, pío!, se quejaban algunos. Tú, Torbellino, te sentías un poco ¡plof! Al ver a un colibrí muy pequeñito y con el piquito caído, supiste que tenías que ayudar. Te acercaste, casi rodando, y notaste algo. ¡Una pequeña rama de roble, muy pilla, se había caído justo en medio del camino de tus arcoíris! Y no solo eso, ¡estaba robando un poquito de color de cada arcoíris al pasar! Se llevaba los rojos, los azules, los amarillos. —¿Por qué no llegan? —preguntó el colibrí con una vocecita fina. Tú, Torbellino, sabías la verdad.

Torbellino mueve la rama, crea arcoíris grandes y bonitos para los pájaros que vuelan felices.

Con un pequeño suspiro, decidiste ser muy honesto. Te acercaste a la rama, ¡Zas!, y con un giro suave, la moviste a un lado. —¡Mira, mira, mira! —dijiste a los pájaros—. La ramita estaba jugando a la escondida con mis colores. ¡Ups! Era mi culpa no haberla visto. Luego, con una energía renovada, ¡Wiiii, wiii!, creaste los arcoíris más grandes y bonitos. ¡Sí, los más grandes, los más bonitos! Uno para el gorrión, uno para la paloma, ¡y uno especial para el colibrí! Los pájaros, ¡Chirri, chirri!, volaron felices, con sus plumas brillando. Y tú, Torbellino, sentiste tu corazón remolinear de alegría, ¡sabiendo que la honestidad y la empatía siempre hacen que los colores brillen más!

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?