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Riqui y el Secreto de los…

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Portada de Riqui y el Secreto de los Charcos
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Riqui y el Secreto de los Charcos

Descubrir la magia en lo inesperado trae alegría a todos.

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Riqui, un gorrión con bufanda azul, salta con cuidado sobre un tejado mojado y resbaladizo, quejándose.

Riqui, un pequeño gorrión con plumitas marrón claro y una bufanda azul brillante, vivía en el tejado de una casa antigua. ¡Ah, ese tejado! Siempre se quejaba de las tejas resbaladizas después de la lluvia. —¡Pío-pío-plish! —decía Riqui, mientras saltaba con cuidado. Las gotitas de agua bailaban y formaban pequeños charcos, espejos diminutos que no le gustaban. Riqui solo veía resbalones, solo veía lo difícil que era caminar. Pero un día, mientras el sol asomaba tímidamente entre las nubes grises, Riqui notó algo diferente.

Riqui, el gorrión, vuela emocionado cerca de un charco que refleja un arcoíris en la pared de una casa.

El sol, ¡oh, el sol! Se colaba en uno de esos charquitos. Riqui se acercó, curioso, y el agua tembló. ¡Pío-pío-plash! Un chispazo de luz, luego otro, y de repente, una franja de colores vibrantes apareció en la pared de abajo. Riqui batió sus alitas, sorprendido. ¿Qué era aquello? Voló un poquito, ajustó su posición. Un arcoíris, ¡un verdadero arcoíris! Se movía y se estiraba, como si el agua y el sol estuvieran jugando a pintar. Los niños de abajo, que antes lloraban por la lluvia, ahora reían.

—¡Mira, un arcoíris! —gritó una niña.
—¡Qué bonito! —añadió un niño.
Riqui sintió una cosquillita en el pecho.

Riqui el gorrión vuela feliz sobre el tejado, creando muchos arcoíris que los niños de abajo miran con asombro.

Desde aquel día, Riqui no volvió a quejarse de las tejas resbaladizas. No, señor. Ahora, después de cada lluvia, Riqui buscaba los charquitos, uno a uno, con sus plumitas vibrantes. ¡Pío-pío-splish! Con sus movimientos y el reflejo del sol, creaba arcoíris mágicos. Un arcoíris rojo, un arcoíris azul, un arcoíris verde, ¡tantos colores diferentes! Los niños de la casa, y de las casas vecinas, miraban asombrados. El tejado ya no era un lugar peligroso; era un escenario de alegría. Riqui, el pequeño gorrión, había descubierto que incluso de lo más resbaladizo podía nacer la magia más colorida. Su bufanda azul brillante ondeaba con orgullo, sabiendo que cada chispazo era una sonrisa.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?