En los bosques juguetones de Auralia, donde los árboles se estiraban como brazos curiosos y las rocas cambiaban de color, vivía un hada llamada Lira. Sus alas, hechas de escarcha brillante, la llevaban de un lado a otro. Lira reía y volaba, siempre buscando algo nuevo. —¡Qué divertido es volar aquí! —decía a los pétalos que giraban.