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Punto Final, el Viajero

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Portada de Punto Final, el Viajero
5-6 años 3 min

Punto Final, el Viajero

Descubre que la aventura más grande está en cada pequeña curiosidad.

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Punto Final, un pequeño punto negro, sentado al final de una página de cuento con una expresión pensativa.

En la última página de cada cuento, vivía un Punto. Un punto muy, muy pequeñito y redondo que se llamaba Punto Final. Estaba aburrido. Siempre, SIEMPRE, debía terminar la misma frase. La misma frase, una y otra vez. «Colorín colorado, este cuento se ha acabado.» Punto Final quería ver otras palabras, quería ver otros mundos. Aquella noche, la víspera de Halloween, una suave luz anaranjada se colaba por la ventana, y Punto Final sintió un cosquilleo de valentía.

Punto Final rueda con valentía por el borde de una página de libro, pasando por otras frases.

Con un hondo suspiro, Punto Final se armó de valor. ¡Rodó y rodó por la página! Se deslizó con cuidado por el borde, sintiendo el leve cosquilleo del papel bajo su cuerpo redondo. Pasó por otras frases que contaban de duendes juguetones y calabazas sonrientes. El viento suave de la noche de Halloween lo empujaba un poquito. Y después de rodar y rodar, aterrizó suavemente en medio de una palabra muy, muy larga y complicada.

Punto Final, asombrado, mira a través de una palabra convertida en ventana a un mundo de calabazas sonrientes.

¡Y sorpresa! Al posarse allí, la palabra se convirtió en una ventana. ¡Una ventana mágica! Punto Final pudo ver una escena diferente de otro cuento. Vio un campo de calabazas sonrientes, con luces titilantes que parecían ojos juguetones. Una suave brisa movía las hojas de los árboles, que eran de mil colores de otoño. Era la víspera de Halloween, y todo parecía brillar con una luz especial. Punto Final abrió sus ojitos redondos, lleno de asombro y una felicidad pequeñita.

Punto Viajero descubre otro cuento a través de una palabra-ventana, viendo un fantasma amigable.

Desde aquella noche, Punto Final se convirtió en Punto Viajero. Cada víspera de Halloween, con su corazón valiente, exploraba las páginas. Rodaba y rodaba, buscando palabras largas que se abrieran como ventanas. Vio un pequeño fantasma amistoso que volaba entre nubes de algodón, vio a una brujita que preparaba pociones con risitas suaves y burbujas de colores. Vivía mil historias sin ser parte de ellas, solo observando con su mirada curiosa, maravillado por cada mundo nuevo.

Punto Final regresa a su página, con una sonrisa satisfecha y el corazón lleno de aventuras.

Pero Punto Viajero siempre, SIEMPRE, regresaba a su final. Volvía a su frase: «Colorín colorado, este cuento se ha acabado.» Pero ya no estaba aburrido. Ahora, su corazón estaba lleno de aventuras y de la magia de la víspera de Halloween. Había aprendido que, aunque fuera pequeñito y redondo, podía ver mil mundos y llevar mil historias dentro de sí. Y así, Punto Final se dormía, soñando con la próxima palabra-ventana que visitaría.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?