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Plastilín Amigo y el Secreto del…

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Portada de Plastilín Amigo y el Secreto del Suelo
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Plastilín Amigo y el Secreto del Suelo

Un pequeño héroe azul descubre cómo la gratitud y el cuidado transforman el mundo.

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Plastilín Amigo, una plastilina azul, cae de la mesa y descubre que puede hacer huellas de animales en el polvo.

Yo era Plastilín Amigo, un trocito de plastilina azul, y mi vida giraba en la mesa de juegos de un niño llamado Leo. Un día, ¡zas!, caí al suelo. Estaba un poco asustado, como un guisante rodando por una montaña. Pero entonces, sentí el polvo suave bajo mi cuerpo. ¡Qué sorpresa! Al moverme, mis pequeños pies se moldearon con la pelusa y, ¡oh, magia!, dejé una huella. Era una patita pequeña, tan delicada como una hoja recién caída. Podía crear huellas de animales en el polvo, ¡como si los animalitos hubieran visitado la habitación en secreto! Mi corazón de plastilina palpitó de alegría.

Mi primera aventura fue intentar dejar la huella de un pajarito. Me estiré y me encogí, con suavidad, suavecito, se deslizaba mi cuerpo. La huella apareció, perfecta, pero noté que el polvo no era solo polvo; había miguitas y trocitos brillantes. "¡Ay, ay, ay, mi cuerpo azul no sabe qué hacer!", pensé. Luego, intenté la de una ardilla, ágil y curiosa. Mientras la creaba, una pequeña bola de pelusa, que parecía tener dos ojitos brillantes, se acercó. Era Pelusa Curiosa.
—¡Hola! —dijo Pelusa con un hilito de voz—. ¡Qué bonitas huellas! Pero, ¿no crees que este suelo está un poco... revuelto?
—Bueno —respondí—, es parte de la magia, ¿no?

Plastilín Amigo habla con Pelusa Curiosa, una bolita de pelusa, sobre el desorden del suelo.

Pelusa Curiosa suspiró, su cuerpecito tembló como gelatina. —Sí, magia, pero también un pequeño desorden. Si los animalitos de verdad vinieran, quizás no les gustaría caminar sobre tantas cosas olvidadas. —Sus palabras me hicieron dudar. Intenté una tercera huella, la de una mariposa, ligera como el aire, pero mi alegría no era la misma. Sentí un pellizco. Pelusa tenía razón. Este suelo, que me había dado mi poder, ¡estaba un poco triste! "¡Ay, ay, ay, mi cuerpo azul no sabe qué hacer!", exclamé. Entonces, una idea chispeante, como una estrella fugaz, cruzó mi mente.

¿Y si usaba mi poder no solo para crear, sino para cuidar? Me estiré con decisión, flexible y fuerte como un muelle. Empecé a enrollar el polvo, las miguitas y los trocitos brillantes. Mis pies, que antes hacían huellas, ahora recogían, moldeaban y compactaban la suciedad en pequeñas bolitas. Era como un baile de limpieza, un pequeño y precioso propósito que me llenaba de una gratitud inmensa. Me sentí feliz de poder devolver un poco de esa magia al lugar que me la había dado. Pelusa Curiosa me miraba con asombro, y juntas, hicimos un pequeño espacio limpio, un círculo brillante en medio del desorden.

Plastilín Amigo, de vuelta en la mesa, siente gratitud por haber limpiado el suelo.

Justo cuando terminamos, la puerta se abrió y Leo regresó. Me volví a la mesa, sintiendo mi cuerpo azul vibrar de satisfacción. Leo no notó las bolitas de polvo, pero sí las bonitas huellas de animales. Me colocó de nuevo en su mano, y yo, Plastilín Amigo, sabía que había descubierto un secreto aún más grande que el de las huellas: el secreto de la gratitud activa. Había transformado el suelo sucio en un lienzo para mis huellas, y al mismo tiempo, había cuidado de él. Y así, mi aventura circular me devolvió a la mesa, listo para la próxima vez que el suelo me llamara, con mi corazón azul lleno de nuevas ideas para crear y cuidar.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?