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Pirito y el Viento Jugador

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Portada de Pirito y el Viento Jugador
7 años 5 min

Pirito y el Viento Jugador

Hasta el miedo más pequeño puede convertirse en una gran aventura.

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Pirito, una nube-ardilla, mira por la ventana de su casa del árbol con algo de nerviosismo.

Pirito, la Nube-Ardilla más esponjosa de todas las nubes, vive en una casa de árbol que flota entre algodones y sueños. Él no es una ardilla cualquiera; es una mezcla majestuosa de nube suave y ardilla juguetona, con una cola tan frondosa como un bosque de algodón y unas alitas casi transparentes. Su don más divertido es soplar nubes de colores y aromas cuando está contento, ¡o grises y tristes si está preocupado! Pero Pirito tiene un pequeño y ridículo secreto: le dan un pánico absurdo las brisas fuertes, piensa que le van a despeinar su preciosa cola hasta hacerla volar lejos. Cuando una ráfaga lo sorprende, suelta un: «¡Ay, Pirito, qué nublado estoy!».

Hoy, Pirito mira con anhelo una Nube-Baya especialmente gorda y jugosa que flota justo fuera de su ventana. ¡Parece una bola de chicle gigante de arándano! Pero para alcanzarla, necesita cruzar un pequeño hueco donde el viento suele bailar un poco más fuerte. Intenta un aleteo, luego otro, pero el miedo a que su cola se desordene lo detiene. Sus alitas titubean, y una nube gris, con olor a calcetín olvidado, sale de él. «¡Ay, Pirito, qué nublado estoy!», murmura, desanimado.

Pirito se sorprende al ver a Luzía, una luciérnaga estelar que brilla como un pequeño disco.

De repente, un brillo diminuto y parpadeante aparece en el aire, girando como un diminuto disco de fiesta. Es Luzía, una Luciérnaga Estelar, que lo mira con sus ojitos chispeantes. —Pirito, ¿acaso tus alas son solo para decorar? —pregunta con una vocecita que suena a campanitas de cristal. Pirito salta del susto, su cola se eriza un poco. —¡Ay, Pirito, qué nublado estoy! Mis alas son para el viento suave, no para el «zas-zas» del aire fuerte, Luzía. ¡Mi cola no resistiría! Luzía ríe, un sonido como pequeñas burbujas estallando. —Tonterías, Pirito. El viento no es un enemigo, es un compañero de juegos. Para cruzar, solo necesitas dar tres soplidos de valentía y siete saltos de alegría. ¡Y verás que el viento te lleva a la trigésima séptima nube!.

Pirito parpadea. ¿Tres soplidos y siete saltos? Eso suena a mucho trabajo para su cola. Cierra los ojos y da un soplido valiente, luego otro, luego un tercero. Luego, con los ojos aún cerrados, intenta los siete saltos, pequeños brincos en el aire. Pero cuando abre los ojos y una brisa más fuerte de lo normal le roza la cola, suelta un: «¡Ay, Pirito, qué nublado estoy!». Casi se cae de su percha de nube. Luzía, que es más lista que un zorro con gafas, le grita: —¡No te rindas, Pirito! El viento es tu amigo, no tu enemigo. ¡Aletea como un ventilador feliz! Pirito lo intenta de nuevo, recordando las palabras de Luzía.

Pirito ríe mientras el viento lo impulsa, superando su miedo y dejando escapar nubes de arcoíris.

Pirito, con un valor recién descubierto, se lanza. El viento lo empuja, no lo arrastra. ¡Y se siente como si fuera un cohete esponjoso! Ríe, un sonido agudo como campanitas de viento. Se da cuenta de que la brisa no le va a quitar su cola; ¡al contrario, lo impulsa más rápido! Sus alitas vibran con alegría, y empieza a soltar grandes bocanadas de nubes arcoíris que huelen a algodón de azúcar y fresas. ¡Es como un baile aéreo! Pirito aterriza con un suave puf junto a la Nube-Baya, que ahora parece más deliciosa que nunca. Come su merienda, sintiéndose el Nube-Ardilla más valiente del universo. Su pequeño miedo al viento se ha disuelto como una nube de verano, reemplazado por la emoción de flotar a toda velocidad. Ya no es solo Pirito; ¡ahora es Pirito, el Viento-Pirito, listo para cualquier ráfaga que quiera jugar! Luzía le guiña un ojo, brillando una última vez antes de desaparecer.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?