S

Pintín y la Fresa Valiente

1/5
Portada de Pintín y la Fresa Valiente
7 años 3 min

Pintín y la Fresa Valiente

La verdadera valentía se encuentra al pedir ayuda en las aventuras más locas.

valentía amistad aventura humor
Pintín, Brochín y Brillín luchando entre girasoles altos en el huerto escolar.

Nosotros éramos Pintín Famoso, un tubo de pintura de dedos tan rojo como una amapola; Brochín, un pincelín chiquitín pero muy atrevido; y Brillín, un botecito de purpurina dorada que brillaba como mil soles pequeños. Vivíamos en el pupitre número 31 de la clase, y nuestra motivación era sencilla: pintar el mundo de alegría. Un día soleado, los aromas dulces de las fresas frescas y fragantes que venían del huerto escolar nos llamaron a una aventura. Decidimos que cruzaríamos la selva de girasoles altísimos para alcanzar la Gran Fresa Brillante, un tesoro legendario. Pintín, con su tapa ligeramente floja, se lanzó primero, dejando un rastro rojo. ¡Splish! Intentamos abrirnos paso entre los tallos verdes, pero los girasoles eran más grandes de lo que parecían y nos sentimos diminutos y un poco atrapados.

¡Qué valientes nos sentíamos! ¡Qué intrépidos éramos al decidir seguir! Después de ese primer intento fallido, nos miramos con determinación. —¡No podemos rendirnos tan fácilmente! —exclamó Brochín, agitando sus cerdas con valentía. Así que decidimos rodear la selva de girasoles y buscar otro camino. De repente, nos encontramos con un "río" burbujeante: ¡era un charco gigante de agua derramada por la regadera, que olía a tierra húmeda y menta! Pensamos que podíamos saltar, pero el charco parecía un océano para nosotros. Pintín, con un gran impulso, saltó, esperando aterrizar al otro lado. ¡Splosh! Cayó justo en medio, salpicándonos a todos, y su tapa, como siempre, salió disparada. El agua nos envolvió, nos hizo girar y nos dejó empapados y lejos de la otra orilla, riéndonos a carcajadas.

Pintín y Brochín buscan a Brillín, que se ha caído junto a un rosal, mientras una mariquita los observa.

Ya empapados, pero con el corazón lleno de la emoción de la aventura, nos lanzamos a nuestro tercer y último intento, esta vez por el sendero más angosto, cerca de los rosales. Las espinas eran puntiagudas como lanzas en miniatura, y el aire estaba lleno del dulce perfume de las rosas. Estábamos tan concentrados en esquivar las espinas que no notamos cuando, de repente, Brillín se desprendió de nosotros, rodando por un hueco oscuro junto a una raíz. —¡Oh no! ¡Brillín se ha perdido! —gritó Brochín, y nosotros sentimos un pellizco en el corazón. ¿Qué haríamos sin nuestro amigo brillante? La búsqueda era inútil, el agujero era demasiado profundo.

En ese momento de pequeña pérdida, una sabia mariquita de treinta y un puntos, la señora Catalina, que había estado observándonos, se posó delicadamente en la hoja. —Necesitáis ayuda, pequeños aventureros? —preguntó con una voz suave como el murmullo del viento. Nosotros, por primera vez, nos dimos cuenta de que la valentía no solo era intentar las cosas solos, sino también saber pedir una mano cuando las cosas se ponían difíciles. Le contamos nuestro problema. Con su ayuda, y un poco de astucia, la señora Catalina usó una brizna de hierba para rescatar a Brillín. ¡Clink! ¡Nuestro amigo estaba a salvo!

Pintín, Brochín y Brillín encuentran pequeñas fresas con la ayuda de la mariquita Catalina.

Y la Gran Fresa Brillante, aunque no la encontramos exactamente como la imaginábamos, la señora Catalina nos señaló unas pequeñas y dulces fresitas escondidas bajo unas hojas, tan rojas como Pintín, ¡que eran perfectas para nosotros! La vuelta a nuestro pupitre número 31 fue como la de unos verdaderos héroes, listos para pintar con valentía todas las páginas de nuestros cuadernos. Nos habíamos aventurado lejos, habíamos aprendido a ser valientes y a pedir ayuda, y regresamos justo a tiempo para una nueva obra maestra.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?