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Pepita y la Magia de las…

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Portada de Pepita y la Magia de las Sombras
5-6 años 3 min

Pepita y la Magia de las Sombras

Descubriendo la magia de ser uno mismo en Halloween.

Halloween Amistad Autoaceptación Magia
Pepita, una calabaza pequeña y triste, rodeada de calabazas grandes y sonrientes.

En la víspera de Halloween, Pepita era una calabaza de adorno muy chiquitita, la más pequeña de todas. Se sentaba en el porche, rodeada de sus primas gigantes, que eran enormes y tenían caras talladas, ¡listas para asustar! Pepita las miraba con un suspiro. «¡Ay, qué pequeña soy!», pensaba con tristeza. Soñaba con ser grande y terrorífica, como ellas, para que todos la admiraran. Se sentía tan insignificante al lado de esas calabazas enormes.

Pepita triste, mientras un grupo de luciérnagas se acerca volando.

Mientras el sol se despedía con colores anaranjados y ocres, Pepita se sentía cada vez más pequeña. No había manera de que su dulce forma redonda pudiera ser terrorífica. Un grupo de luciérnagas juguetona, que volaban cerca de un viejo roble, vieron a Pepita tan, tan triste. Eran de la familia de Chispa, conocidas por su alegría. Se miraron entre ellas, sus pequeñas luces parpadeando con una idea brillante y traviesa. ¡Tenían que hacer algo para animar a esa pequeña calabaza!

Las luciérnagas se posan sobre Pepita, parpadeando rápidamente.

Las luciérnagas, con un plan secreto, volaron en círculo y, con un zumbido suave, se posaron delicadamente sobre Pepita. En vez de encender sus luces de forma normal, como un simple destello, comenzaron a parpadear y apagarse en una secuencia rapidísima, ¡una tras otra! Una pequeña corriente mágica recorrió a Pepita. No entendía qué pasaba, pero una sensación cálida y extraña la llenó de curiosidad. Un brillo suave y tembloroso empezó a nacer en la pared del porche.

La sombra de Pepita se proyecta gigante y juguetona en la pared.

¡Y de repente, allí estaba! En la pared, la sombra de Pepita, que seguía siendo pequeña, ¡se movía como una calabaza gigante y monstruosa! Con cada parpadeo de las luciérnagas, la sombra cambiaba de cara: primero una risa traviesa, luego unos ojos enormes y asombrados, después una boca de sorpresa. «¡Qué enorme eres!», pensó Pepita, riendo con alegría. Sus ojos, antes tristes, brillaban ahora con un asombro contagioso. ¡Era la calabaza más divertida del porche!

Pepita sonríe feliz mientras las luciérnagas se despiden.

Cuando las luciérnagas terminaron su magia y volaron hacia la noche estrellada, Pepita siguió siendo la calabaza pequeña y redonda de siempre. Pero su corazón ya no sentía tristeza. Había descubierto que no necesitaba ser grande para ser especial. Con la ayuda de sus amigos, las luciérnagas, y un poquito de imaginación, ¡su pequeña forma podía crear la magia más grande de todas! Pepita sonrió, sintiéndose la calabaza más feliz y 'enorme' del porche de Halloween, ¡justo como era!

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?