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Pepita y el Rumor de la…

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Portada de Pepita y el Rumor de la Tierra
5-6 años 3 min

Pepita y el Rumor de la Tierra

Hasta el más pequeño don puede hacer crecer una gran familia.

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Una semilla de aguacate llamada Pepita gira y emite un suave brillo que ayuda a las plantas cercanas a enderezarse.

En el alféizar soleado de una ventana, vivía Pepita, una semilla de aguacate. Era pequeña como una gota de rocío y se sentía un poco olvidada. Un día, por puro aburrimiento, Pepita giró muy, muy despacio. ¡Y ocurrió algo mágico! De su interior brotó un suave rumor de tierra, un sonido tan tierno como el murmullo de un arroyo.

Este rumor era especial. Las plantitas de maceta, que antes estaban un poco caídas y tristes, empezaron a escucharla. Cuando Pepita giraba y giraba, su rumor las envolvía, calmándolas. Sus tallos se enderezaban, firmes como pequeños faros, y sus hojitas se abrían, buscando el sol. Pepita sentía una alegría nueva, pero a veces, cuando una plantita estaba muy, muy mal, pensaba: —Ay, ay, ay, ¿qué haré yo si no sé cómo?

Pepita se esfuerza más para ayudar a una pequeña planta muy marchita. Otras plantas observan con esperanza.

Un atardecer, una nueva plantita llegó al alféizar, más pequeña y marchita que las demás. Sus hojas estaban enrolladas como pergaminos viejos, y su tristeza era profunda como un pozo sin fondo. Pepita la vio y sintió un cosquilleo en su corazón.
—Hola, pequeña —dijo Pepita con su rumor de tierra—. ¿Por qué estás tan triste?
—No puedo crecer —murmuró la plantita—. Siento que nadie me ve.

Pepita sabía que esta era su gran misión. Giraba y giraba con todas sus fuerzas, emitiendo su rumor de tierra, que ahora era más fuerte, como un abrazo cálido. No solo crecía su tallo, no solo crecían sus hojas, sino que también crecía su valor. Las otras plantitas, al verla, también susurraban sus propios sonidos, formando una suave melodía. Poco a poco, la plantita triste empezó a desenrollar sus hojas, que se volvieron de un verde brillante, como esmeraldas recién pulidas.

El alféizar se ha transformado en un jardín vibrante, con todas las plantas, incluida Pepita, creciendo fuertes y felices.

Así fue como Pepita, la semilla de aguacate, se convirtió en el corazón del alféizar. Su rumor de tierra, junto al cariño de sus nuevas amigas, transformó aquel lugar en un jardín vibrante. Todas las plantas crecían altas y fuertes, como una gran familia unida por el amor y el cuidado. Pepita aprendió que incluso el más pequeño puede tener el don más grande, y que la verdadera fuerza reside en cuidar y hacer crecer a los demás.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?