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Pepita y el Dulce Sendero

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Portada de Pepita y el Dulce Sendero
7 años 4 min

Pepita y el Dulce Sendero

Una pequeña manzana descubre que la amistad y la aventura hacen el mundo más dulce.

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Pepita, una manzana roja, recién caída del árbol y mirando a su alrededor con curiosidad.

Pepita, la pequeña manzana más curiosa de todo el manzano, soñaba con mundos lejanos. Desde su rama alta, observaba el bello bosque y se preguntaba qué secretos escondía el suelo, qué aventuras esperaban más allá de las hojas. El viejo Búho Benito, posado en un pino cercano, la miraba con sus ojos sabios, sintiendo la gran curiosidad de la manzana.

Un día soleado, ¡pum!, Pepita se desprendió de su rama y aterrizó suavemente en la hierba. —¡Qué emocionante! —exclamó con un pequeño bote. Con un giro accidental, descubrió que podía rodar, dejando un dulce y brillante rastro de jugo. Era un mapa mágico, un camino azucarado que brillaba bajo el sol, invitando a ser seguido.

Pepita la manzana rodando, seguida por tres hormigas por un sendero dulce.

Pronto, una, dos, tres pequeñas hormigas exploradoras aparecieron, atraídas por el aroma irresistible. —¡Qué dulce sendero! —chirrió la hormiga líder, Antoñita, con sus antenas vibrando de emoción. Pepita sonrió, rodando un poco más rápido. Las hormigas, con sus patitas veloces, la seguían con alegre afán, como si fuera su capitana en una aventura secreta. ¡Qué divertido era rodar y guiar!

Rodaron junto a un riachuelo cantarín, pasaron por debajo de un puente de ramas y sortearon una pila de piñas olvidadas. Pepita se sentía feliz y libre. Las hormigas, sus nuevas amigas, le contaban historias del suelo, de cómo cuidaban cada hoja y cada gota de rocío, manteniendo el bosque siempre limpio. Era un equipo perfecto: la manzana aventurera y sus pequeñas protectoras del bosque.

Pepita la manzana en un picnic con niños y sus amigas hormigas.

Finalmente, el rastro de jugo las llevó directo a un colorido mantel: ¡el picnic de los niños! Ellos, al ver a Pepita y sus amigas hormigas, sonrieron con asombro. Un niño tomó a Pepita con cuidado, y ella, radiante y redonda, entendió que el mundo era mucho más grande y hermoso de lo que había imaginado. Cada uno, por pequeño que fuera, podía pintar un camino de alegría y amistad, y cuidar su pequeño pedacito de planeta con cada paso.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?