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Lila y el Gran Secreto del…

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Portada de Lila y el Gran Secreto del Roble
5-6 años 2 min

Lila y el Gran Secreto del Roble

Compartir las bellotas llena el corazón de alegría.

gratitud generosidad animales del bosque compartir
Ardilla Lila llevando una bellota brillante a su hogar en el roble.

Yo soy el viejo Roble, tu hogar especial, Ardilla Lila. Desde mis ramas más altas, te veo cada mañana, tan ordenada y trabajadora. ¿Recuerdas cómo buscas las bellotas más brillantes? Sí, esas que parecen pequeñas joyas caídas del cielo. Corres, correteas, y con tus patitas ágiles, las llevas a tu despensa secreta. ¡Fiuuu! Un salto aquí, un salto allá, y cada bellota encuentra su lugar perfecto. ¿No es un trabajo hermoso, ver cómo llenas tu casita con tanto esmero, mi pequeña Lila?

Ardilla Lila confundida porque su almacén de bellotas está demasiado lleno.

El sol se asoma por mis hojas y tú sigues, Ardilla Lila. Una bellota más, y otra más, ¡crac, crac! las escoges con cuidado. Tu almacén, bajo mis raíces, está cada vez más lleno. ¿Demasiado lleno? Sí, tus mejillas se inflan de tanto guardar, tus patitas ya casi no encuentran espacio para más. Te detienes, con una bellota enorme entre tus manos diminutas. Mueves tus bigotes, miras a un lado, miras al otro. —Mmm, ¿y ahora qué? —dices, un poco confundida. No sabes dónde poner la última bellota, la más gorda de todas. ¿Qué harás con ella?

Ardilla Lila compartiendo bellotas con el Ratón Pérez y la Coneja Blanca.

Pero entonces, Ardilla Lila, tus ojos brillantes miran más allá de tu almacén. Ves a tus vecinos: al Ratón Pérez, que busca algo para su cena, y a la Coneja Blanca, que suspira por algo rico. Una idea cálida ilumina tu corazón. Tú, con tu generosidad, decides compartir. —¡Toma, Pérez! —dices, ofreciéndole una bellota crujiente. —¡Para ti también, Coneja!— Y ellos, con sus ojos agradecidos, te dan las gracias: ¡Ñam, ñam! Suena la felicidad. ¿Sientes ese calorcito en tu pecho? Esa es la alegría de dar. Y yo, tu viejo Roble, sonrío al verte tan feliz, rodeada de amigos y de gratitud. Tu despensa sigue llena, pero ahora también de mucho cariño, ¿verdad, mi pequeña?

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?