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Coco y el Espejo de Colores

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Portada de Coco y el Espejo de Colores
3-4 años 3 min

Coco y el Espejo de Colores

Un camaleón aprende a brillar a su manera.

amistad autoaceptación curiosidad generosidad transformación
Coco, un camaleón de tonos tierra, mira asombrado a Chispita, un colibrí, volando entre flores rojas y amarillas bajo el sol de la mañana.

Yo soy Coco, un camaleón con la piel color de tierra. ¡Un poco aburrida, la verdad! Un día, veo a Chispita, el colibrí, bailar entre flores de fuego. ¡Qué bonito! Yo quiero ser así de brillante. Me arrastro hasta una flor roja, roja como un beso de sol. Me froto, ¡frot-frot! contra sus pétalos suaves. Pero cuando miro mi piel, ¡oh! solo tengo manchitas marrones, un poco más oscuras. Chispita, con sus alas rápidas, se acerca y —¡Ji, ji, ji!— su risa suena como campanitas.

Coco, un camaleón frustrado, se estira sobre una hoja azul intentando cambiar de color, mientras una mariposa pasa volando y Chispita lo mira desde lejos.

No me rindo. Luego veo unas hojas verdes, ¡tan verdes como el musgo mojado! Me estiro, ¡estir-estir! sobre ellas, imaginando mi piel azul. Pero no, solo consigo un verde aburrido, casi igual que antes. Chispita, que me observa desde una rama, vuelve a reír, —¡Ji, ji, ji!—, y se va volando. Mi corazón se siente un poco gris. Después, una mariposa azul y naranja pasa volando, ¡flit-flit!. Cierro los ojos, intento absorber su color, ¡aspir-aspir! con todas mis fuerzas. Cuando los abro, ¡ay! mi piel es un revoltijo de motitas sin sentido, ¡parezco un cuadro que se ha caído! Chispita regresa, me mira y —¡Ji, ji, ji!— se aleja rápido.

Coco, el camaleón, brilla con los colores del arcoíris reflejados en su piel, mientras Chispita el colibrí lo mira con asombro y alegría.

Me siento triste, muy triste. Me escondo detrás de un arcoíris que acaba de aparecer después de la lluvia. ¡Es tan grande y brillante! Intento absorber todos sus colores a la vez, pero es demasiado. Entonces, extiendo mis patitas y mi cola, como si quisiera abrazar el aire. Y ¡oh, sorpresa! Mi piel no cambia de color, ¡no! Mi piel refleja los colores del arcoíris, como un espejo mágico que baila. ¡Plin-plin-plin! Es un arcoíris en movimiento. Chispita vuelve, pero esta vez no ríe. Sus ojitos brillantes miran mis colores danzarines con asombro. Me doy cuenta de que no necesito ser los colores, ¡puedo ser su espejo, y eso es aún más especial! Mi corazón ahora es de todos los colores.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?