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Las Zapatillas Valientes y el Ronquido…

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Portada de Las Zapatillas Valientes y el Ronquido Curioso
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Las Zapatillas Valientes y el Ronquido Curioso

Cómo dos zapatillas de casa salvaron los sueños con un *chsss* y muchas risas

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Las zapatillas Mullidas se rozan y hacen un sonido mágico.

Mullidas, un par de zapatillas de andar por casa, vivían felices junto a la cama de Leo. Un día, ¡zas!, se rozaron sin querer. ¿Y qué pasó? ¡Chsss! Un sonido suave, como un susurro de algodón. —¡Qué es eso! —preguntó la zapatilla izquierda, con una curiosa arruguita—. Parece el sonido de los sueños de Leo, ¿no crees? —¡Claro! —dijo la derecha, dando un saltito—. ¡Somos las zapatillas de los sueños, chsss! Desde entonces, cada noche, cuando Leo dormía, ellas hacían su magia secreta, acompañando sus aventuras dormidas con su tenue chsss, chsss.

Pero una noche, un sonido GRRRRUMPF salió de debajo de la cama. —¡Oh, no! —exclamó la zapatilla izquierda, ¡casi se cae de lado!—. ¿Será un monstruo de ronquidos? —¡O un calcetín gigante con hambre de dedos! —dijo la derecha, dando uno, dos, tres pequeños pasitos hacia atrás. Mullidas, aunque eran pequeñas y blanditas, sabían que debían ser valientes. ¡Alguien tenía que proteger los sueños de Leo! Y así, se dijeron: «¡Mullidas, mullidas, sueños de algodón! ¡A la aventura sin perder el botón!»

Mullidas tropiezan y descubren una forma peluda bajo la cama.

Con un plan supersecreto (y un poco torpe), Mullidas empezaron su misión. Intentaron deslizarse sin hacer ruido, pero ¡PLOF! La zapatilla izquierda tropezó con la derecha. —¡Ay, mi cordón! —dijo una—. —¡Mi suela cosquillosa! —dijo la otra. Se levantaron, sacudiéndose el polvo invisible, y se asomaron con cuidado. Allí, en la oscuridad, vieron una forma peluda que se movía y hacía snork-snork. —¡Es el monstruo ronquido! —chilló la zapatilla derecha, ¡dando un triple salto mortal hacia atrás! Pero cuando se atrevieron a acercarse un poquito más, ¡BOING!, se dieron cuenta de que el monstruo ronquido era... ¡la manta favorita de Leo, que se había caído y estaba enrollada en forma de extraño animal! ¡Qué disparate!

Mullidas empujan la manta de vuelta a la cama, orgullosas.

Las Mullidas se miraron, y luego a la manta. —¡Pero si es solo la manta! —dijo la zapatilla izquierda, riéndose tan fuerte que casi se le escapa una costura. —¡Y nosotros tan valientes para una manta! —añadió la derecha, con un divertido chasquido. Empujaron la manta de vuelta a la cama de Leo con mucho cuidado. ¡El niño seguía durmiendo, ajeno a la gran aventura de sus zapatillas! Mullidas se acurrucaron de nuevo en su sitio, un poquito más orgullosas que antes. Y mientras Leo soñaba con castillos de chuches, ellas susurraban su magia: «¡Mullidas, mullidas, sueños de algodón! ¡Protegemos los sueños, con valor y diversión!»

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?