Lira, un hada del rocío, vio un brillo juguetón que la llamó desde el borde del Reino de Auralia.
—¡Qué luz tan curiosa! —dijo Lira, y un escalofrío de emoción le recorrió el cuerpo al adentrarse en el bosque donde la magia era impredecible.
Un brillo juguetón esconde un trato caprichoso.
Lira, un hada del rocío, vio un brillo juguetón que la llamó desde el borde del Reino de Auralia.
—¡Qué luz tan curiosa! —dijo Lira, y un escalofrío de emoción le recorrió el cuerpo al adentrarse en el bosque donde la magia era impredecible.
De repente, una figura elegante apareció entre los árboles. Era una criatura cambiante, con una sonrisa astuta.
—Hola, pequeña hada. ¿Te gusta mi piedra? —preguntó la criatura, mostrándole un guijarro que brillaba con luz propia.
—¡Es preciosa! —exclamó Lira, con los ojos grandes de asombro.
La criatura se acercó más.
—Es tuya, si me das algo a cambio. Quiero tu risa, hada.
Lira dudó. Su risa era alegre y libre.
—¿Mi risa? —preguntó, sorprendida, pero la piedra la atraía demasiado. —Está bien, la tendrás. —Y al tocar la piedra, una hoja cercana ¡desapareció por un instante!
—¡Oh! —exclamó Lira, mirando la hoja que reapareció. —¡La piedra hace invisible lo que toca!
La criatura soltó una risita.
—Es un trato caprichoso, ¿verdad? Ahora, tu risa me pertenece. —Y antes de que Lira pudiera entender del todo lo que había pasado, la criatura desapareció, dejándola con su nueva y sorprendente piedra.
¿Qué aventura leemos ahora?
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