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La Pluma Suave y las Arañitas…

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La Pluma Suave y las Arañitas Saltadoras

Hasta la más pequeña pluma puede encontrar un lugar especial para hacer sonreír.

fantasía inclusión gratitud aventura
Pluma Suave, una pluma blanca y brillante, sola en un nido vacío.

Había una vez, en un nido abandonado, una pluma de pájaro llamada Pluma Suave. Era blanca como la luna y tenía un brillo iridiscente en su puntita, pero se sentía muy sola. El nido estaba vacío, y Pluma Suave pensaba: «¿De qué sirvo yo aquí, suave y solita?». El viento, juguetón, empezó a soplar suavemente, silbando susurros, y Pluma Suave sintió una pequeña cosquilla, como una invitación.

Pluma Suave flotando en el aire sobre hojas y flores.

De repente, un soplo más fuerte la levantó del nido. Flotó y flotó, como una pequeña nubecita por el cielo. Pasó por encima de las hojas verdes, luego sobre las flores de colores. A veces, aterrizaba en una rama rugosa, que no era cómoda. Otras, caía en el rocío frío, que la dejaba empapada y pesada. Se preguntaba si alguna vez encontraría un lugar donde su suavidad pudiera ser útil, un sitio que fuera justo para ella.

Pluma Suave aterriza suavemente en una telaraña brillante, rodeada de arañitas curiosas.

El viento la llevó aún más lejos, hasta que, con un suave aleteo, Pluma Suave descendió sobre una telaraña grande y brillante. No era áspera, ni pegajosa. ¡Era suave y elástica! Allí, pequeñas arañitas de patas finas, con ojos curiosos, la miraban con asombro. —«¿Qué es esa cosita blanca que cayó del cielo?» —preguntó una arañita, llamada Patitas Ligeras, con voz chiquitita. —«Soy Pluma Suave» —respondió Pluma Suave, sintiendo una extraña alegría—. «Solo una pluma que busca su lugar en el mundo».

Arañitas saltando alegremente sobre Pluma Suave como si fuera un trampolín.

Patitas Ligeras, valiente y curiosa, se acercó y tocó a Pluma Suave. Rebotó un poco, ¡qué divertido! Luego, otra arañita, y otra. Pronto, todas las arañitas estaban allí, ¡saltando sin parar! —«¡Uno!» —decía Patitas Ligeras al rebotar con fuerza. —«¡Dos!» —gritaba otra arañita, girando en el aire. —«¡Tres!» —exclamaban todas juntas, riendo y chocando sus patitas. Pluma Suave se había convertido en su cama elástica personal, suave y segura. Las arañitas saltaban y saltaban, sin enredarse nunca. ¡Qué divertida y dulce diversión!

Pluma Suave y las arañitas durmiendo plácidamente juntas en la telaraña bajo la luna.

Pluma Suave sintió un calorcitto especial en su interior. Ya no se sentía inútil ni solita. Las arañitas le daban las gracias con cada salto, y ella les respondía con un suave vaivén, como un abrazo. Había encontrado su propósito, ¡y qué propósito tan feliz! En la oscuridad de la noche, las arañitas se acurrucaban cerca de ella, y Pluma Suave susurraba, feliz: “Todos tenemos un lugar, por pequeño que sea, donde podemos hacer sonreír a alguien”. Y así, bajo la luna brillante, todos dormían plácidamente, soñando con saltos y suaves vuelos.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?