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El Secreto Volador de Buscito Alegre

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7 años 4 min

El Secreto Volador de Buscito Alegre

Descubre que la risa puede llevarte más allá de lo imaginado.

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Un autobús de juguete amarillo volcado mientras niños ríen a su alrededor.

Nosotros, los niños, a menudo encontrábamos a Buscito Alegre, nuestro autobús de juguete amarillo, en el mismo rincón de la sala. ¡Brumm, brumm! —decía Leo, empujándolo—, siempre por rutas fijas, las mismas vueltas alrededor de la alfombra. Buscito era tan predecible. Un día, al intentar girar, Buscito tropezó con un cojín mullido y ¡plop!, quedó de lado. Nosotros soltamos una carcajada, una risa ¡jijijí! que rebotó por la habitación.

Fue entonces cuando algo mágico ocurrió. Buscito, aún volcado, sintió la risa. No la escuchó, sino que la sintió vibrar en su chasis, un cosquilleo. ¡Uno, dos, tres! risas de niños se unieron en un coro ¡muajajá! que hizo temblar el aire. De repente, con un pequeño ¡clic!, una puertita redonda se abrió en su techo, ¡y de ella salió un globo de colores!

Buscito Alegre, convertido en globo aerostático, vuela con niños en su canastilla.

Buscito Alegre, ya no un autobús, sino un pequeño globo aerostático, se elevó suavemente, flotando, flotando, hacia el techo. Nosotros, con los ojos bien abiertos, lo vimos ascender. —¡Miren, es un globo! —exclamó Ana—. Podemos volar con él, ¿verdad? Y sí, pudimos. Con un suspiro de aire mágico, nosotros nos sentamos en su canastilla y empezamos a volar, volar, más alto, más alto, sobre la ciudad imaginaria. Vimos casas de colores y ríos de luz serpenteantes.

¡Qué viaje tan divertido! Desde arriba, todo se veía diferente, más grande y a la vez más pequeño. Había niños de todas las formas y colores jugando en parques de ensueño. —¡Guau, Buscito! —dijo Leo, asombrado—. Nunca pensé que podrías hacer esto. Tú eres especial, ¡muy especial! Nosotros nos dimos cuenta de que Buscito no necesitaba rutas fijas; él tenía su propia manera única de explorar el mundo, nacida de la alegría compartida.

Buscito Alegre, de nuevo un autobús, aterriza en la sala con los niños felices.

Después de explorar cielos de algodón de azúcar y montañas de chocolate, Buscito Alegre, con un suave ¡psssshhh!, aterrizó de vuelta en la sala, justo donde lo habíamos encontrado. Volvió a ser nuestro autobús de juguete amarillo, pero ya no era el mismo. Nosotros sabíamos su secreto. Y mientras lo dejábamos en el suelo, esperando la próxima risa, esperando volar, Buscito Alegre ya no era solo un bus que recorría rutas fijas; era un soñador, un explorador, esperando el próximo ¡jijijí! para elevarnos de nuevo.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?