S

El Secreto Perfumado de Blip

1/5
Portada de El Secreto Perfumado de Blip
5-6 años 2 min

El Secreto Perfumado de Blip

Un pequeño explorador descubre la alegría de vencer sus miedos.

aventura descubrimiento superación humor huerto
Blip, un pequeño ser volador, explora una hoja de menta en el huerto escolar.

Yo era Blip, un Pollencito con alas de libélula y cuatro puntitos brillantes en cada una. Mi hogar era un pequeño nido hecho de hilo suave, justo debajo de la hoja más grande de la menta en el huerto escolar. Mi misión más importante era siempre encontrar el aroma más dulce, ese que hacía vibrar mis antenas y cosquillear mi nariz. Un día, mientras las abejas zumbaban con sus zzzzzzz y el sol calentaba mi pancita, un olor nuevo flotó hasta mí, diferente a la lavanda y la fresa. Era mágico, como cien flores de miel en una sola. Sabía que tenía que descubrir de dónde venía.

Blip en una encrucijada, con una mariquita Lía y dos caminos: girasoles o calabazas con sombra.

Volé por encima de las hileras de lechugas, que parecían pequeñas almohadas verdes, siguiendo la dulce estela. Mi corazón diminuto pum-pum-pum latía de emoción. Conté uno macetero de albahaca, dos arbustos de frambuesa, y tres tomates redondos como canicas gigantes. De repente, vi algo que brillaba entre las hojas de una planta alta. ¡Oh, no! Mi defecto era que las cosas brillantes me distraían mucho. Me acerqué volando a lo que parecía una gota de rocío gigante que reflejaba el sol. De repente, una voz suave me dijo:
—¡Cuidado, Blip! ¿Viste el camino?
Era Lía, una mariquita muy sabia que vivía cerca.

Miré a Lía y me di cuenta de que me había desviado. El olor dulce seguía allí, pero ahora venía de dos direcciones: un sendero que iba hacia las flores de girasol, y otro que se escondía detrás de unas calabazas enormes. Recordé que el aroma era profundo y casi secreto. Si hubiera ido hacia los girasoles, habría encontrado el sol más brillante, ¡pero el misterio no era el sol! Elegí el camino de las calabazas. Estaba un poco oscuro allí, y una sombra larga se movía lentamente como un monstruo dormido. Tenía un pequeño miedo a las sombras grandes, pero el dulce olor me llamaba. Recuerdo que mi patita tembló un poquito.

Blip, feliz, huele unas pequeñas flores blancas de fresa silvestre en el huerto escolar.

Me armé de valor y avancé con cuidado, riéndome un poco de mi propio miedo a la sombra. ¿Y sabes qué? ¡La sombra era solo la hoja de una calabaza gigante moviéndose con el viento! ¡Jajaja! Detrás de ella, encontré la fuente del olor: una pequeña fila de cuatro plantas de fresas silvestres, ¡con las flores más diminutas y aromáticas que jamás había visto! Cada flor era como una mini-copa de perfume. Acerqué mi nariz y aspiré. Era el aroma más dulce y reconfortante, como un abrazo de mamá. Mi misión estaba cumplida, y el huerto me había regalado un secreto delicioso.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?