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El Mosaico de Brillo Arena

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Portada de El Mosaico de Brillo Arena
7 años 4 min

El Mosaico de Brillo Arena

La paciencia y la curiosidad pintan el mundo de colores.

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Brillo Arena, un grano de arena sonriente, es levantado suavemente por una ola al atardecer, brillando de color naranja.

Yo soy Brillo Arena, un granito diminuto en la inmensa orilla del mar. Mis días son tranquilos, solo espero el suave cosquilleo de las olas. Una tarde, mientras el sol se escondía despacio, una ola grande me recoge con delicadeza. ¡Uy! —pienso yo, mientras me elevo un poquito, sintiendo un leve mareo. Y cuando me deja de nuevo en la arena mojada, siento algo nuevo: un calorcito naranja me envuelve, como si me hubieran pintado. Es un sentimiento nuevo y chispeante.

—¿Qué te pasó, Brillo? —pregunta Rocío, una pequeña conchita a mi lado, que siempre tiene preguntas para todo. —No lo sé, Rocío —le contesto, sintiéndome aún un poco aturdido por el viaje—. Creo que la ola me ha coloreado. Y justo entonces, otra ola, más suave, me arrastra de nuevo. Esta vez, cuando vuelvo, soy de un rosa suave, casi como una nube de algodón de azúcar. ¡Es increíble, ¿verdad?! Cada vez que una ola me visita, me transforma.

Brillo Arena, ahora multicolor, es arrastrado por una ola cerca de una medusa roncando y una concha observadora.

Mi corazón de arena diminuto empieza a latir con curiosidad. Quiero todos los colores del atardecer. Así que decido que, con cada ola, intentaré absorber un color diferente. Uno, la primera ola de mi misión me trae un rojo intenso, como una fresa gigante. Dos, la siguiente ola me deja un morado misterioso, parecido a las uvas de la abuela. Y tres, la tercera ola me envuelve en un azul profundo, como si me hubiera zambullido en el cielo de la noche. ¡Qué maravilla!

Rocío, la conchita, está asombrada. —¿Cómo lo haces, Brillo? —me pregunta, su voz suena como el tintineo de campanillas marinas—. ¿No te cansas de ir y venir? —¡Nunca! —le digo, sintiendo una energía brillante—. Cada color es una aventura nueva. Pero a veces, una ola traviesa me arrastra tan lejos que llego al lado de la Sra. Medusa, que siempre está roncando unas burbujas gigantes. ¡Pffft! —dice ella, echando una burbuja que me hace girar como una peonza. Es un poco mareante, pero divertido.

Brillo Arena descansa en la playa, rodeado por un brillante mosaico de colores que él mismo creó.

Con cada ola que llega y se va, mi colección de colores crece. Un día soy verde esmeralda, otro día amarillo sol, y al siguiente, un turquesa soñador. Me muevo por la orilla, dejando un rastro de pequeños brillos por donde paso. Y cuando el sol se despide con sus últimos rayos, la arena a mi alrededor se ha convertido en un mosaico mágico de tonos brillantes, todos gracias a mis viajes y a la paciencia de las olas. Soy solo un granito de arena, pero he pintado la playa con los sueños del atardecer. Y así, me acurruco, brillante y cansado, listo para soñar con los colores de mañana.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?