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El Misterio del RUM-RUM-RUUMM y las…

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Portada de El Misterio del RUM-RUM-RUUMM y las Nubes Perdidas
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El Misterio del RUM-RUM-RUUMM y las Nubes Perdidas

La honestidad es la melodía más clara en la amistad.

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Sonoro, un ser diminuto, escucha atentamente un misterioso sonido desde su casa del árbol en las nubes.

En lo alto de la casa del árbol más esponjosa, con vistas a un mar de nubes que parecían algodones de azúcar, vive Sonoro, un diminuto ser del mundo de las notas musicales. Sonoro, con su minitraje de director y un bastón del tamaño de una brizna de hierba, tiene una habilidad única: puede tararear melodías perfectas que hacen que todo a su alrededor traquetee suavemente, aunque si lo hace mucho, ¡le da un mareo divertido! Un día, mientras se ajusta su pajarita roja, escucha un suave y misterioso sonido: RUM-RUM-RUUMM. Parece venir de las nubes de abajo, ¡justo donde solían flotar sus 25 nubesitas favoritas, esas que brillaban con luz propia! ¿Dónde se habrán metido?

Sonoro, con su pequeña valentía, decide investigar. Desciende por una escalera de hilos de luna hasta el primer nivel de nubes. —¡Hola, nubesitas! ¿Hay alguien por ahí? —pregunta con su voz diminuta, y el eco le devuelve: —¡Ay, ay, ay! De repente, el sonido RUM-RUM-RUUUMMM? se vuelve un poco más cercano, pero también más confuso. Sonoro decide usar su habilidad. Cierra los ojos y tararea una melodía tan sutil, sutil, sutil que las nubes a su alrededor comienzan a temblar un poquito, como gelatina gigante. ¡Plin-plin-plin! Así hasta 25 veces, buscando la pista entre los suaves soplos del viento.

Sonoro descubre a NubeOveja, una oveja de las nubes, que tímidamente revela que ha estado escondiendo las nubesitas.

De pronto, una nube grande y gordita se estremece con un gran RUM-RUM-RUMM! más fuerte, y de ella asoma una carita lanuda y tímida. ¡Es NubeOveja, la oveja de las nubes, que siempre tiene un poco de vergüenza! Sus ojos grandes y redondos se abren como platos de luna. NubeOveja ha estado jugando a esconder las 25 nubesitas brillantes, enrollándolas en su propia lana suave, porque le gusta cómo brillan cuando se acurruca. Sonoro, sorprendido, se da cuenta de que NubeOveja ha estado murmurando pequeñas disculpas por si alguien las echaba de menos, ¡y ese era el misterioso RUM-RUM-RUMM! que escuchaba!

Sonoro se ríe, un sonido tan clarito como una campanilla. —NubeOveja, ¿por qué no me lo dijiste? —pregunta Sonoro, suavemente—. —Es que... es que me gustaban mucho, Sonoro —balbucea NubeOveja, desenrollando lentamente las 25 nubesitas de su lana—. Tenía miedo de que te enfadaras. Sonoro le sonríe. —Nunca me enfadaría, NubeOveja. Prometo que podemos jugar con ellas juntos siempre que quieras, ¡pero honestamente! NubeOveja, con un balido feliz, le da una de las nubesitas para que la guarde, ¡como un secreto compartido y una promesa cumplida!

Sonoro y NubeOveja, amigos ahora, se sientan en la casa del árbol mientras las nubesitas vuelven a brillar.

De vuelta en su casa del árbol, las 25 nubesitas vuelven a flotar, brillando como pequeños farolillos. Sonoro y NubeOveja se acurrucan, observando el suave baile de las nubes. Desde ese día, Sonoro sabe que la verdad es como una melodía clara, y la amistad, una canción que nunca desafina. Y si escuchas con atención, a veces se oye un suave y alegre RUM-RUM-¡HURRA! que sube desde las nubes, un recordatorio de que los pequeños secretos pueden traer grandes risas, especialmente cuando se comparten con honestidad.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?