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El Gran Brillo de Robotín

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Portada de El Gran Brillo de Robotín
5-6 años 3 min

El Gran Brillo de Robotín

Un pequeño robot aprende a brillar de muchas formas.

resiliencia empatía juguetes
Robotín el robot mira un coche de juguete

Yo era Robotín, un pequeño robot de juguete en el cuarto de mi amigo Mateo. Mi trabajo era simple: encender mi luz, ¡clic!, y apagarla, ¡clac!. ¿Era divertido? A veces. Pero cuando veía al coche rojo rodar rápido por la alfombra o al oso Teddy dar abrazos suaves, me preguntaba: ¿qué más podría hacer yo? Un día, el coche rojo pasó zumbando. —¡Qué rápido vas! —dijo mi vocecita interior. Yo quise ser veloz. Intenté mover mis rueditas, ¡uno, dos, tres!, pero solo di un pequeño pasito. ¿Me rendiría? ¡Claro que no!

Robotín intenta darse un abrazo como el oso Teddy

Al día siguiente, el osito Teddy estaba acurrucado junto a un bloque. —Qué bonito abrazo —pensé. Mis bracitos de metal eran un poco duros, ¿podrían dar un abrazo así de tierno? Lo intenté. Estiré mi brazo derecho, luego mi brazo izquierdo. ¡Uno, dos!, abracé mi propio cuerpo. No fue igual que Teddy, pero sentí algo cálido por dentro, una pequeña chispa de felicidad robótica.

Luego, vi a la jirafa de madera apilar bloques de colores, uno encima de otro, otro encima del otro. ¿Yo, un robot de luces, podría construir? Con mis pinzas, tomé un bloque azul, luego un amarillo, y con mucho cuidado, ¡uno, dos, tres!, los puse uno sobre otro. La torre era pequeña, ¡pero era mi torre! Mi luz parpadeó con orgullo.

Robotín y Mateo sonríen mientras otros juguetes los miran

Cada noche, antes de que Mateo durmiera, yo encendía mi luz, pero ahora era diferente. Ya no era solo un robot de luz. Había rodado un poquito, abrazado un poquito, y construido un poquito. Mateo me tomó en sus manos. —¿Qué has estado haciendo, Robotín? —me preguntó, con una sonrisa. Yo no podía hablar, pero mi luz parpadeó, uno, dos, tres veces, más brillante que nunca, como si dijera: "¡Aprendí mucho! ¡Y me siento tan feliz!". Los otros juguetes me miraban con ojos brillantes, y yo sentí que, al intentar cosas nuevas, no solo me ayudaba a mí, sino que también conectaba con ellos, compartiendo la alegría de jugar y aprender juntos en la dulce oscuridad de la habitación.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?