Olivia encajó la última solapa con cuidado. El fuerte olía a cartón seco y a escondite perfecto.
Por fin tenía un lugar donde nadie podía verla ni pedirle sus pinturas de colores.
¡Pum!
Olivia golpeó suavemente la pared para comprobar que era resistente. Aquí dentro mando yo, pensó mientras se sentaba sobre sus talones.