El puente de lana naranja entre dos habitaciones
Mara se envuelve en su manta de cuadros naranjas.
Es pesada, suave y huele a sol de la tarde. Mara se siente como una montaña escondida y segura en medio de su cuarto.
¡Mmm!
De repente, un llanto agudo llega desde el otro lado de la puerta.
Es Lucas. Llora con mucha fuerza porque no encuentra a su conejo de trapo para dormir.
Mara camina por el pasillo frío y sus pies descalzos hacen un ruido suave sobre la madera.
Mara se detiene frente a la cuna.
Lucas tiene las mejillas rojas y los ojos muy mojados. Mara siente un nudo en la tripa y aprieta su manta contra el pecho.
Es su manta favorita y no quiere que se manche de mocos.
Lucas estira sus manos pequeñas a través de los barrotes.
Mara mira los cuadros naranjas y después mira la cara triste de su hermano.
Despacio, desliza una punta de la lana por el hueco de la cuna.
Lucas agarra la tela con fuerza y se queda muy quieto.
El llanto se detiene de golpe y solo se escucha el tic-tac del reloj del pasillo.
Mara se sienta en el suelo, apoyada en la cuna, sujetando el otro extremo de su refugio.
¿Qué aventura leemos ahora?
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