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El Baile Nocturno del Jardín

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El Baile Nocturno del Jardín

La alegría compartida ilumina la noche más serena.

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Un búho sabio observa a una niña bailar con hojas bajo la luna.

Desde mi rama más alta, Búho Sabio observa el jardín bajo la luna plateada, que es como un farol gigante en el cielo. La noche es tranquila, con un suave murmullo de viento que acaricia las hojas caídas. Clara, una niña muy curiosa con su vestidito azul, está en el centro del jardín. Ella no está sola; el viento empuja las hojas secas, y estas giran y giran, formando pequeños remolinos que parecen bailar con gracia. ¡Qué bonito baile! piensa Búho Sabio, mientras sus grandes ojos amarillos siguen cada movimiento.

Clara baila mientras un ratoncito tímido la observa.

Clara se une a la danza de las hojas, sus bracitos se elevan como si fueran ramas al viento, y sus pies danzan siguiendo el ritmo. Crea un juego nuevo y lleno de alegría. Veo uno, dos, tres remolinos que giran con ella, como si fueran sus compañeros de baile. Pero no muy lejos, escondido detrás de unas florecitas que duermen, hay un Ratoncito Pérez, con sus bigotes temblorosos y sus ojos un poco tristes. Él mira a Clara, y Búho Sabio puede sentir su anhelo por unirse a la diversión.

El búho habla suavemente con el ratón tímido.

Búho Sabio siente una punzadita en su corazón, como una pequeña estrella que se enciende. Se inclina un poco y susurra con su voz grave, pero suave como el rocío de la mañana:
—Ratoncito Pérez —dice con dulzura—, ¿por qué no te unes a la danza? Mira qué alegre se ve Clara. Su baile es tan ligero como una pluma.
Ratoncito Pérez se encoge de hombros, sus pequeños ojos brillan como dos luceros con un poco de timidez.
—No sé bailar así —responde con un hilo de voz, casi inaudible.
—No necesitas saber —dice Búho—. Solo siente el ritmo del viento. La alegría se expande, la alegría se esparce, la alegría te invita a moverte.

Clara y el ratón bailan con las hojas, mientras las ardillas observan.

Animado por las palabras de Búho, Ratoncito Pérez da un pequeño salto, luego dos giros con sus patitas, y finalmente tres saltos, uniéndose al borde de la danza de las hojas. Sus movimientos son más pequeños, pero igual de llenos de alegría. Clara lo ve y sonríe con dulzura, sin dejar de bailar, y el ratoncito siente que su corazón palpita como un tambor feliz. Pronto, otros pequeños animales, como la familia de ardillas que dormitaba en el tronco hueco, despiertan y observan con ojos brillantes, sintiendo la misma alegría contagiosa. La noche se llena de susurros y risas, un coro suave de felicidad.

Todos los animales y Clara disfrutan de la noche bajo la luna.

La luna alta en el cielo, como un gran ojo plateado, observa la escena con una sonrisa. Búho Sabio, desde su rama, sonríe también. La danza de Clara con las hojas, ahora compartida con Ratoncito Pérez y observada con curiosidad por la familia de ardillas, ha transformado la noche. La brisa sigue empujando las hojas, y los pequeños remolinos parecen más grandes, más felices, como si la solidaridad les hubiera dado más fuerza. La noche serena invita a todos a descansar con el corazón lleno de la dulce melodía de la amistad, recordándoles que la alegría compartida siempre brilla más. Y Búho Sabio piensa: «Qué hermosa noche, qué hermoso jardín».

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?