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El Baile de Luces de Banquete

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Portada de El Baile de Luces de Banquete
5-6 años 3 min

El Baile de Luces de Banquete

Hasta el más pequeño puede brillar y unir a todos con su luz.

inclusión solidaridad juguetes imaginación alegría
Banquete, un platito de juguete blanco, se siente triste y solo en una cocina de juego desordenada.

Banquete, un pequeño plato de juguete, vivía en la cocina de juego más desordenada que se pudiera imaginar. Entre un brócoli de fieltro aplastado y una galleta de plástico mordisqueada, Banquete se sentía tan invisible. "¿Quién se fijaría en un platito tan simple y sin color?", se preguntaba con un suspiro silencioso. Veía las zanahorias naranjas y los guisantes verdes del mundo imaginario de la cocina, ¡pero él era solo blanco!

Banquete gira y refleja colores vibrantes, mientras Lulú, una muñeca de trapo, lo mira asombrada y casi tropieza.

Un día, mientras un camión de bomberos de juguete pasaba zumbando, Banquete se tambaleó y, ¡zas!, dio una vueltecita. ¡Qué sorpresa! Al girar, los colores de los alimentos imaginarios se reflejaron en su superficie, ¡bailando! "Uno, dos, tres colores: rojo de la fresa, verde del pepino, amarillo del queso", pensó maravillado. De repente, una pequeña muñeca de trapo, Lulú, que pasaba por allí, se detuvo y parpadeó. —¡Mira qué bonito! —exclamó Lulú, tropezando con su propio pie en la emoción.

Varios juguetes, incluyendo un oso y un conejito, se unen a Banquete, riendo y jugando mientras el plato crea un festín de luces danzarinas.

El brillo danzarín de Banquete era tan divertido que atrajo a más juguetes. El osito Peluso se acercó, y luego el conejito Orejitas, ¡casi chocando con Peluso en su prisa! Las luces rebotaban de un juguete a otro, y todos reían. Banquete giraba y giraba, creando un festín de luces que llenaba la cocina de alegría. Ya no era un plato invisible; era el centro de la fiesta.

Cuando el sol imaginario de la tarde empezó a caer, los juguetes se dispersaron, pero no sin antes agradecer a Banquete con risas y empujones amistosos. Banquete se quedó allí, un poco mareado pero muy, muy contento, en la misma cocina de juego desordenada. Se sentía visto, importante y lleno de luz. Sabía que al día siguiente, con un pequeño giro, la magia volvería a empezar, invitando a todos a jugar una vez más.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?