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Cortita y el Misterio de las…

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Portada de Cortita y el Misterio de las Algas Cantarinas
5-6 años 4 min

Cortita y el Misterio de las Algas Cantarinas

Un brazo diferente puede ser el más especial de todos.

aventura descubrimiento amor familiar autoaceptación misterio suave
Cortita, una estrella de mar naranja con un brazo más corto, mira pensativa un parche de algas mientras un cangrejo y una anémona bailan.

Cortita, una estrella de mar, vive en un arrecife de coral lleno de vida, vida, vida. Allí, las anémonas bailan flamenco y los cangrejos cuentan chistes, ¡clic-clac, clic-clac! Pero Cortita se siente un poco diferente. Sus cuatro brazos son largos y ágiles, pero el quinto... ¡Puf!, es más cortito, un poquito regordete. Ella lo esconde a veces, pensando: “Todos son perfectos, menos yo”. El coral susurra: “¡Qué pena, qué pena!”, y los caballitos de mar ¡hip-hip-hip! asienten con sus cabezas.

Un día, mientras el pez payaso ¡jajajaja! se ríe con su familia, Cortita escucha un sonido muy, muy suave. ¡Mmmmmm! —un zumbido diminuto que viene de las algas más densas, densas, densas. Es un sonido secreto, secreto, como si alguien pidiera ayuda en voz muy baja. Cortita se acerca, moviendo sus brazos largos. Las algas son tan gruesas, gruesas que forman un laberinto oscuro. —¿Quién anda ahí? —pregunta Cortita con su voz suave. Pero solo escucha ¡shhh!, un shhh muy bajito.

Cortita, la estrella de mar, intenta con sus brazos largos liberar a tres pececitos atrapados en las algas, mientras una bombilla de idea se enciende sobre su cabeza.

Cortita decide investigar. Se desliza con cuidado entre las algas. Y entonces los ve: ¡uno!, un pececito naranja con aletas brillantes, atrapado. ¡Dos!, otro azul, intentando nadar pero sin poder. Y ¡tres!, un pececito bebé con ojos grandes, ¡glub glub!, muy asustado. Sus aletas se han enredado en las algas más fuertes, fuertes. Cortita intenta alcanzarlos con sus brazos largos. ¡Estira, estira, estira! Pero las algas son demasiado densas, y sus brazos largos solo las empujan más. —¡Oh, no, no, no! —murmura Cortita, sintiendo un cosquilleo de preocupación.

Cortita se siente frustrada. Sus brazos, que siempre son tan buenos para abrazar y para jugar, no sirven ahora. ¡Bum, bum! —su corazón de estrella de mar late rápido. Mira sus brazos, luego mira el cortito, el que siempre esconde. Es pequeño, sí, pero también es fuerte, fuerte y muy manejable. Una idea brillante, ¡Pling!, enciende su cabeza. ¿Y si...? ¿Y si ese brazo, el que parece diferente, es justo lo que necesita?

Cortita sonríe triunfante, usando su brazo corto para liberar a un pececito bebé. Los otros pececitos nadan libres y el arrecife celebra.

Con una nueva determinación, Cortita usa su brazo cortito. ¡Qué maravilla, qué sorpresa! Se cuela entre las algas suavemente, suavemente, donde los brazos largos no pueden ir. Con un ¡pop! delicado, libera al pececito naranja. Luego, con otro ¡pop! divertido, al azul. Y finalmente, con un ¡pop! súper tierno, al pececito bebé. ¡Todos libres! Los pececitos ¡nadaron, nadaron, nadaron! contentos, dándole las gracias. Cortita sonríe. Su brazo cortito, su brazo diferente, es en realidad el más especial de todos. ¡Es perfecto! Y el arrecife entero ¡bailó, bailó, bailó! de alegría.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?