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Camu y los Mensajes de Colores

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7 años 3 min

Camu y los Mensajes de Colores

Un pequeño gesto de ayuda puede iluminar el día de todos.

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Camu el camaleón descubriendo sus colores en una hoja.

Yo era Camu, un camaleón pequeñito con una cola rizada y unos ojos que miraban a todas partes a la vez. Vivía en un jardín tan lleno de flores que parecía una explosión de confeti. Pero mi secreto más chistoso era que podía cambiar de color tan rápido que ¡parecía que pintaba! Un día, descubrí que mis colores no solo me escondían, sino que podían ser como pinceles mágicos para las hojas. ¡Chisp-chisp! Cambiaba de un verde musgo a un amarillo chillón en un abrir y cerrar de ojos, dejando una mancha de color en la hoja.

Al principio, usaba mi talento para hacer bromas. Una vez, le "pintarrajeé" un bigote azul a una hoja donde siempre dormía la Mariquita Floja. —¡Ay, qué susto! —exclamó ella, despertando y mirándose en el rocío de la mañana. —¡Parece que tengo una nube en la cara! ¡Jajaja! —reía yo, escondido. Pero pronto me di cuenta de que mi habilidad podía ser mucho más que solo travesuras.

Camu pintando un mensaje en una hoja para unas hormigas perdidas.

Un día, vi a un grupo de hormigas muy trabajadoras dando vueltas y vueltas, buscando la flor del Néctar Dulce, que estaba bien escondida detrás de una maceta gigante. Estaban tan confundidas que una de ellas se tropezó con su propia pata y todas sus miguitas salieron volando. ¡Plof! ¿No era una pena verlas tan perdidas? Mi corazón de camaleón se arrugó un poquito. Pensé: ¿Y si yo pudiera ayudar a estos pequeños amigos?

Así que, ¡manos a la obra! O, mejor dicho, ¡patas a la hoja! Me puse a cambiar mis colores, concentrándome mucho. ¡Chasp-chasp! Primero, un verde brillante para señalar el camino, luego un azul cielo para una curva, y finalmente, un rosa chicle que decía: "¡NÉCTAR AQUÍ!". Las hormigas, con sus patitas diminutas, siguieron mis "mensajes pintados" en las hojas. Una de ellas, con sus antenitas, preguntó: —¿Es esto un mapa de colores? ¡Qué idea tan divertida!

Camu feliz viendo a los insectos seguir sus mensajes de colores.

Y así fue como Camu, el camaleón bromista, se convirtió en Camu, el artista ayudador del jardín. Desde ese día, yo usaba mis cambios de color para guiar a los bichitos a los mejores lugares para jugar al escondite, o a las flores con el néctar más sabroso. Cada vez que veía una sonrisa en sus caritas de insecto, mi corazón se hinchaba de alegría. ¡Chup-chup! Aprendí que usar mis talentos para ayudar a los demás era la aventura más colorida de todas, y que un pequeño mensaje pintado podía hacer un gran cambio en el día de alguien.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?