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Calentitos y el Abrazo Mágico

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Portada de Calentitos y el Abrazo Mágico
3-4 años 4 min

Calentitos y el Abrazo Mágico

Un pequeño gesto de curiosidad puede hacer crecer grandes alegrías.

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Calentitos, un par de guantes de cocina, cuelgan de un gancho y miran curiosos a una planta tiritando.

Yo soy Calentitos, un par de guantes de cocina ¡muy, muy curiosos! Vivo colgado de un gancho brillante, ¡plim, plam!, en la pared de la cocina. Desde aquí, veo todo: los platos que hacen clink-clank, las cucharas que se esconden y, ¡oh, cielos!, esa plantita pequeña en su maceta. Ella siempre está un poco brrr, brrr, como si el frío le hiciera cosquillas en las hojas. Un día, una idea ¡gigante y divertida! me picó en mis dedos de tela. ¿Y si...? ¿Y si yo pudiera bajar de mi perchero?

Calentitos se desenganchan torpemente del gancho, cayendo hacia la planta con un ¡plof! y ¡zas! gracioso.

¡Uhm, qué difícil! Intento estirarme, ¡pero soy un guante un poco torpe y bailongo! Mis deditos de tela se enredan entre ellos. —¡Ay, ay, ay! —dije yo, Calentitos, mientras me balanceaba como un columpio loco—. ¿Y ahora qué hago yo, Calentitos, si me caigo de plof y no sé volver? Un guante choca con el otro, ¡chof! ¡Plof! ¡Zas! ¡Y de repente, me desengancho! ¡Guau! Caigo suave, suave, suavecito, justo al ladito de la maceta. La plantita, pobrecita, titita, titita, ¡más que nunca!

Calentitos abrazan la maceta de la planta, que ahora luce fuerte, verde y feliz.

—¡Hola, plantita tiritona! —le susurré yo, Calentitos, con mi voz más amable—. ¿Tienes frío, pequeñita? Ella apenas se movía, ¡brrr! Así que, con mucho, mucho cuidado, me envolví alrededor de su maceta. ¡Era como un abrazo cálido y esponjoso! La plantita dejó de tititar y, ¡puf!, sus hojitas verdes se estiraron un poquito, como diciendo: "¡Qué bien, qué calorcito!". Yo me sentía tan, tan feliz, ¡como un globo de colores flotando por el cielo!

Desde ese día, cada vez que la plantita se sentía brrr, brrr, yo, Calentitos, bajaba con mis travesuras y le daba un abrazo calentito. Ella creció y creció, ¡verde, verde, vivaz! Ya no era una plantita tiritona, ¡era una planta fuerte, alta y feliz! Aprendí que, aunque a veces me parezca un poco difícil o me pregunte "¿Y ahora qué hago yo, Calentitos?", un poquito de curiosidad y un gran abrazo pueden hacer que todos, ¡hasta las plantas!, crezcamos mejor y más fuertes.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?